martes, 21 de mayo de 2013

XUL SOLAR / 22a edición de arteBA

Xul Solar, estrella argentina en el pabellón central de Venecia

A Xul Solar, originalísimo y místico creador, le hubiera gustado la manera como se encadenaron los hechos para que su obra fuera seleccionada por el curador para la 55a Bienal de Venecia, la mayor vidriera de las artes visuales, inaugurada en 1895 por Umberto de Saboya.
La suma de casualidades, o causalidades, se inició con la visita de Sofía Hernández Chong Cuy, curadora y colaboradora del director de la 55a Bienal Massimiliano Goni, al Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), donde descubrió las pinturas de Xul. Fue en 2005, cuando montó la muestra Contemporáneos 21.
Volvería a reconocer su personal trazo y el imaginario astrológico-místico en las obras donadas por Patricia Cisneros al MoMA, de Nueva York. Y ya lo había "fichado" a Xul para la Bienal, cuando encontró puesta en imágenes la relación Borges y Xul Solar, en la muestra que se exhibe en la American Society de Park Avenue, con curaduría de Gabriela Rangel, hasta el 20 de julio.
Con Jorge Luis Borges compartió los tiempos de Martín Fierro y esa rara fascinación por las raíces ocultas y misteriosas de las cosas.
En este año su obra integrará el Palacio Enciclopédico, columna vertebral del guión de la Bienal de Massimiliano Gioni (40), que es director de New Museum de Nueva York y de la Fundación Nicola Trussardi de Milán.
La idea está inspirada en la maqueta de un palacio fenomenal, construido por el artista Marino Auriti, en 1950, para albergar el conocimiento del mundo, ciencias, matemáticas, astrología, filosofía. La obra de Auriti era una torre de madera, curiosamente muy parecida a las torres pintadas por Xul Solar, que también las imaginaba como la suma del saber.
El Palacio Enciclopédico de hoy es un proyecto ligado a las investigaciones del artista argentino, que en las primeras décadas del siglo XX vivía obsesionado por crear un idioma universal, la panlengua; un juego de ajedrez también global, y que atesoraba en una serie de cuadernos los hallazgos de sus pesquisas en diarios y revistas. Esto es lo que más le interesó a Gioni, que instalará la obra en el Pabellon Stirling, ubicado en el centro de los Giardini.
De esta forma se repite lo sucedido en la Bienal 52, cuando el envío argentino fue la obra de Guillermo Kuitca y el curador general Robert Storr eligió para su proyecto curatorial la obra de León Ferrari.
La inauguración será el 28 y, según fuentes inobjetables, la Presidenta no viajará; Nicola Costantino mostrará su video instalación inspirada en tres facetas de la vida de Evita, mientras Xul Solar estará en Venecia con sus obras premonitorias, quizá las más originales.
La Bienal, que abre sus puertas el 1° de junio, tendría un carácter especial porque la obra de Costantino se exhibirá en el Pabellón de los Arsenales, que será argentino por dos décadas.
Las creaciones de Xul Solar aportan al conocimiento universal los hallazgos de una mente brillante, iluminada por el conocimiento de la astrología y una mística pasión. Como la colección de carpetas de recortes, de los años 40. Estarán también el "Títere de la muerte", protagonista del "Teatro de la vida", marionetas que representan a personajes del zodíaco, y las cartas astrales de protagonistas de la historia argentina y mundial.
Las obras proceden de la Fundación Xul Solar de Buenos Aires, y llegarán a los Giardini venecianos con el apoyo de la Secretaría de Cultura de la Nación. Será incluido el Panjogo, conocido también como panajedrez o pan-chess, un resumen de sus investigaciones formales. Junto al panajedrez se exhibirán 150 cartas de panlengua, idioma universal monosilábico, sin gramática, de base numérica y astrológica, destinado a unir el lenguaje de América, Europa y Asia.
Este "corpus" tan único y seleccionado desde tan lejos, pone el foco una vez más en la cosmología personal del "pintor, escribidor y pocas cosas más" llamado Alejandro Xul Solar, un artista contemporáneo por su resistencia al rótulo y a las clasificaciones y universal por la epopeya cotidiana de su quehacer, entre la magia, la mística, la música y la levedad de una paleta inconfundible.
Sus pinturas se caracterizan por el uso de gamas de amarillos, azules y naranjas, tratados siempre con sordina, sin estridencias.
En la lingüística organizó dos nuevos idiomas: el neocriollo y la panlengua; realizó innovaciones en la anotación de la música y en proyectos de reforma de la anatomía humana. Recreó el tarot tradicional por uno con nuevos arcanos y buscó desde todas las trincheras encontrar una manera lúdica de comunicarse. Nacido Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari, en San Fernando en 1887, murió en el Tigre en 1963..
Del editor: por qué es importante.
La elección confirma el excelente nivel de los artistas argentinos reconocidos por especialistas tanto en el país como en el exterior

viernes, 15 de febrero de 2013

ART DÉCO

Belle Époque tardía

Art Déco en la era de la fantasía

Mientras el gran sismo de la Primera Guerra Mundial sacudía Europa, Buenos Aires era la capital boyante de un país que continuaba su desbocada carrera de progreso e ilusión, balanceándose entre gobiernos democráticos y autoritarios. En esa singular coyuntura nace una arquitectura soberbia que forma parte del patrimonio porteño

La Primera Guerra Mundial, que para Europa significó un gran sismo, para la Argentina no fue más que un sacudón que permitió abrir las puertas a una nueva modernidad. Y Buenos Aires, obsesionada por el progreso, presentaba óptimas condiciones para absorberla por todos los medios. Esta aptitud ecléctica y desprejuiciada hizo que la vida en Buenos Aires ya se asomara a la posmodernidad.
Las verdades, los gobiernos, las artes, los escenarios cambiaban con la velocidad de la moda y el relativismo "discepoliano" se iba imponiendo como religión práctica y cotidiana. Casi todo se desdramatizaba en la capital de un país que continuaba su desbocada carrera de progreso e ilusión, balanceándose entre gobiernos democráticos y autoritarios. Se puede aseverar que el período de entreguerras fue el que dio su carácter final a una Buenos Aires mítica compuesta de tango, cine y radio; diarios, revistas y libros; dancings, teatros y cabarets; luz, sensualidad y velocidad. Fue la época en que pasa de ciudad capital a metrópolis sudamericana iluminada por un fervor literario inédito que comienza a darle proyección universal.
De madre francesa y padre vienés, el Art Déco sale a la luz internacional con la Exposición de Artes Decorativas de París de 1925. Buenos Aires, como no podía ser de otra manera, lo capta precozmente. Sus orígenes aristocráticos se aburguesan y muy pronto se popularizan. A esto contribuye la captación mediática que hacen los Estados Unidos del estilo, al que fagocitaron Hollywood y sus films y Nueva York y sus rascacielos.
 
La Maternidad Sardá (Esteban de Luca 2151). 
El Art Déco se hizo muy familiar para el público argentino, al que estimulaba no sólo a través de los cines sino también en su hábitat cotidiano: departamentos, bancos, fábricas, cafés y restaurantes llevaban el sello zigzagueante de sus líneas. Era una alternativa primordial en la feria de estilos del academicismo. Su matriz decorativista, rectilínea y simplificadora de las formas le permitía adaptar casi cualquier arquitectura del pasado y su versatilidad intrínseca lo deja acoplarse fácilmente a las nuevas tecnologías, como el hormigón armado y la luz eléctrica. En Buenos Aires, el Art Déco alcanza un brillo y un espesor similar al del Art Nouveau. Es más bien cosmético y pocas veces genera estructuras espaciales originales. Su versatilidad le permite, en su vertiente clasicista, deshacerse de los órdenes y componer sobre la base de simetrías y proporciones reafirmadas por facetados, estrías y escalonados. En su vertiente goticista muestra un gran avance en la resolución de una nueva arquitectura para rascacielos cada vez más altos, que así pueden liberarse de recetas completamente historicistas, crecer en altura y estructurarse a través de haces de líneas y replanos, de manera telescópica.
Son pocos los cultores absolutamente fieles al estilo, entre ellos los arquitectos Alejandro Virasoro y Andrés Kalnay, que buscan explorar la innovación transformando la decoración en un nexo integrador de diseño y construcción. El primero fue un proyectista "afrancesado" y ejecutor desenfrenado de innumerables edificios de departamentos cuadriculados, con obras cumbre como el Banco El Hogar Argentino (Bartolomé Mitre 575), que despliega un espacio interior catedralicio, y la Casa del Teatro, ese reverberante zigurat de la avenida Santa Fe.
 
Edificio sobre la calle Perón 2622. 
El húngaro Kalnay, por su parte, practica una versión centroeuropea del estilo, ornamentada con objetos y personajes, para erigir casas como castillejos, cines como caleidoscopios o cantinas como pabellones de diversión; tal el caso de la Confitería Munich en Costanera Sur. Pero será su hermano Jorge, más dedicado a la sobriedad racionalista, quien construirá el "búnker" periodístico Art Déco del precoz zar mediático del período: la sede del diario Crítica, sobre la Avenida de Mayo, una puesta en escena con motivos decorativos americanistas para el "ciudadano-periodista-director" Natalio Botana. El Art Déco se instala en las clases medias, las mismas que poco antes elegían el Art Nouveau y ahora consumen el nuevo estilo retratado por el cine y las revistas. Prende entonces en los frentes de los edificios para casas y departamentos otorgando prestigio de "modernos" a los propietarios. Constituye la nueva cara de "casas chorizo", petits-hôtels, villas, chalets y edificios de renta que no abandonan sus matrices originales pero que se cubren de muchos recuadros, prismas y zigzags, con sus superficies siempre ejecutadas con el mágico símil piedra. En todos aparece un repertorio geológico, una densidad mineral y acentos fósiles dentro de un aura medieval y melancólica. Algunas construcciones adquieren características monumentales, como la mole de Perón 2622, realizada por el francés Roger Tiphaine, mezcla de esbelto paquebote con estilizado templo egipcio , con dos torres-chimeneas como amarres para dirigibles que bien podría estar junto al Central Park de Nueva York.
Un estilo para todos los gustos y todas las posibilidades, el Art Déco se impone también en la arquitectura institucional y pública. Prolifera en varios edificios de Diagonal Norte, donde las corporaciones lo utilizan según su ascendencia. De la veta francesa en "La Equitativa del Plata" que alojaba a la "Aéropostale" a la flemática variante británica en el edificio de la compañía Shell. También surge en la " City" con edificios como el Banco de la Provincia de Buenos Aires, donde revivifica el clasicismo insuflándole modernidad. Pero no sólo lo usa la "patronal" sino también los sindicatos; es el caso de las sedes de La Fraternidad o la Unión Ferroviaria.
 
La Facultad de Medicina de la UBA, en Paraguay 2155. 
En el ámbito oficial, tiñe escuelas en diversos barrios con variantes que reciclan motivos indigenistas pero también geometrías abstractas; salpica ministerios, oficinas públicas y hospitales, como el Ministerio de Obras Públicas y el de Hacienda o la Maternidad Sardá; estructura y adorna parquizaciones y urbanizaciones como las costaneras. Como no podía ser de otra manera, se cuela además en edificios comerciales e industriales. Desde los pequeños frentes de boutiques y sus vidrieras diurnas y nocturnas, pasando por los hoteles como el "decogótico" City o los garajes -establos de hormigón para autos-, hasta los mercados que tienen su apoteosis en el de Abasto. En una inédita síntesis greco-gótica, cuando se inauguró esta catedral abastecedora su apariencia era religiosa y su espacio interior, casi místico.
Si de majestad Art Déco se trata, también participa de ella la usina de la CATE en Puerto Nuevo. Proyectada por los belgas Derée y Robert Duicque, es un palacio de la electricidad, esa energía que posibilitaba la iluminación nocturna, una de las herramientas de diseño cruciales del estilo.
Más allá del protocolo y la oficialidad, de la informalidad y la domesticidad, el Art Déco señoreó sobre el esparcimiento y el entretenimiento. En especial sobre la legendaria noche porteña de tango y jazz, humo y champagne , con santuarios de peregrinación como el Tabaris, el Chantecler o el Armenonville, con interiores de sofisticada modernidad, a la manera de los transatlánticos.
Se abre entonces la edad dorada de los cines, esos "palacios de la ilusión" (ver recuadro) que invaden el centro de Buenos Aires y se esparcen por casi todos los distritos de la capital con el repertorio de fantasías en la pantalla pero también en los halls y en las salas. En 1929 se produce un crac finaciero mundial que pone fin a los "años locos" y al año siguiente un crac institucional nacional que cierra un período de progreso. Son tiempos de retorno al orden, de racionalidad y austeridad, una quimera que durará poco más de una década.
 
El Teatro Ópera (Av. Corrientes 860). 
El surgimiento del Art Déco coincide con la desenfrenada expansión del cine. El nuevo género inaugura una gran fantasía globalizada, una realidad paralela basada en la imagen en movimiento y con sonido que necesita de templos para consagrar el rito de los fieles espectadores. El nuevo estilo encaja perfectamente con la moderna fantasía al formar un matrimonio que se consagra en Hollywood con un interminable cortejo de duendes kitsch . En la Argentina, y particularmente en Buenos Aires, los cines fueron un "tercer hogar", el de la evasión. Y así como las escuelas fueron también palacios, algunos alcanzaron capacidades superiores a los 2000 espectadores. Los ejemplos más espléndidos se levantaron alrededor de 1930, justo cuando el cine pasa de mudo a sonoro.
El repertorio iconográfico fue muy amplio, con uso de motivos de culturas antiguas modernizados. El despliegue se realizó sobre fachadas, foyers y salas, todo realzado por efectos de iluminación y las posibilidades técnicas del hormigón armado o el aire acondicionado. Entre los tantísimos que hubo merecen destacarse el Suipacha, con relieves alegóricos sobre el cine; el Broadway, "déco-cubista" con un cuerpo de departamentos encima; el Capitol, que adscribía al "decollywood" californiano, el Monumental, construido en una variante "déco-azteca"; el Palais Royal, dentro de una elegante variante británica, y el Metropolitan, que prefiguraba la austeridad del racionalismo.
Pero el Art Déco se eleva a la altura de una superproducción multiestelar en el cine-teatro Ópera, construido en apenas ocho meses e inaugurado a todo trapo en 1936. Obra cumbre del gran arquitecto de los cines, el belga Albert Bourdon, fue la gema de la red de salas de Clemente Lococo, un verdadero "palacio de ensueño" que emulaba en fachada, foyer y sala al Cine Rex de París.
La imagen de la fachada evoca un palacio henchido, coronado por una tiara y engalanado con frisos brillantes como alhajas, y por debajo una inquietante marquesina. Este reluciente hall -con revestimientos abstractos, construcciones lumínicas y escaleras sobreactuadas- busca prologar las ensoñaciones de la sala, que cuenta con laterales tratados como variados paisajes arquitectónicos de estilo kitsch y consistencia escenográfica. El cielorraso que simula una gran vía láctea funciona como incitación a evadirse evocando el firmamento de las estrellas del cine. Estupendo ejemplo de Art Déco tardío, el eje París-Nueva York-Hollywood es la fórmula de referencia. Su exterior y los espacios principales participan de un juego formal y cromático muy efectista, al modo de un afiche tridimensional.
Estos efectos se potencian por el contrapunto que ofrece la sobria imagen del desafiante Gran Rex, inaugurado al año siguiente, que comparte con el Ópera el privilegio de ser las máximas reliquias arquitectónicas nacionales de la edad dorada del cine.

datos & pistas


  • Contexto. El período de entreguerras dio su carácter final a una Buenos Aires mítica. En ese momento de esplendor, la ciudad capital se convierte en metrópolis sudamericana, iluminada por un fervor literario inédito que comienza a darle proyección universal.
  • Furor. Retratado por el cine y las revistas, el Art Déco se instala en las clases medias con su matriz decorativista, rectilínea y simplificadora de las formas, que le permite adaptar casi cualquier arquitectura del pasado.
  • Versatilidad. Permeable a todos los gustos y posibilidades, así como a las nuevas tecnologías, el estilo no sólo se impone en los frentes de los edificios para casas, departamentos y petits-hôtels sino también en la arquitectura institucional y pública e incluso en la noche porteña, a través de los cines y teatros que invaden la ciudad.

martes, 12 de febrero de 2013

MINUJIN

Los viajes de una artista pop

A los ocho años se creía Van Gogh y a los doce se fue de su casa y se anotó en Bellas Artes. En los 60 experimentó con ácido lisérgico y mescalina. Hoy, a los 70 años, reivindica esa experiencia con la que, dice, expandió su conciencia. No falta ni un día a su taller y prepara una retrospectiva en Nueva York.

POR Eduardo Villar

"Casa Minujín” dice un antiguo cartel negro con letras doradas apoyado en el piso de una de las habitaciones del caserón donde ahora trabaja cada día Marta Minujín entre cientos de obras de arte, esculturas de yeso, de hierro o de bronce, colchones de colores flúo, un Citroen 3CV destartalado y cubierto de venecita, fotos, libros, pinturas, vidrios. En este caserón de San Cristóbal que ahora es su taller estaba el local de su abuelo ruso, que fabricaba y vendía uniformes. Aquí pasó Marta Minujín buena parte de su infancia, que ahora recuerda como penosa. “Nací en un mundo muy de locos –dice–, mi familia era medio loca. Mi padre esperaba que yo fuese varón y me peló hasta los cuatro años. Ya en la escuela era una rebelde brutal y supe en primero superior que quería ser artista plástica.”
¿Cómo lo supiste?
Lo supe. A los 8 años yo me creía Van Gogh. Entonces iba por el puerto y dibujaba cosas negras, terribles. A los doce me fui a vivir a la casa de mi prima y me anoté sola en Bellas Artes. Hice todas las carreras juntas: grabado, pintura, dibujo, escultura... Hice La Cárcova, la Pueyrredón y no me recibí de nada. Y me gané la beca a Francia a los 16. A esa edad, para emanciparme, me casé con mi actual marido, para lo cual falsifiqué mi edad, y me fui a París tres años. La infancia la recuerdo como algo horrible que no quiero ni recordar. Mi hermano se murió de leucemia y mi madre llevaba las cenizas por todos lados, mi papá era cazador y tenía ciervos embalsamados. Horrible. Recién fui feliz cuando me hice pop. Porque cuando era existencialista en París no era feliz. Leía El ser y la nada y me deshacía yo. Aunque París me abrió la cabeza. No lo podía creer. Y después me fui a Nueva York y tampoco lo podía creer.
Después de ser artista existencialista en París y artista pop en Nueva York –donde el año próximo hará una retrospectiva en el Museo del Barrio, con curaduría de Victoria Noorthoorn–, eligió en los 70 vivir y ser artista en Buenos Aires por razones que ya explicará en la charla. Por ahora, cuenta que no falta ni un día a su taller; que llega a las 12:30, se cambia y trabaja hasta las siete de la tarde: que si no lo hace, se siente mal; y que trabajó aun el día de la semana pasada en que se casó con el arte en una absurda, delirante ceremonia en el Malba, el día de su cumpleaños. Le pregunto
¿Cómo estuvo eso?
Genial. Fue divertido… por la repercusión que una persona se case con el arte, algo invisible, inimaginable. Me interesa que la gente piense que existen otras posibilidades en la vida, aunque uno esté en un rincón, tirado en el piso, y que puede vivir una vida mejor a través del arte, que en el fondo es parecido a una religión.
“Parecido a una religión” dice Minujín que es el arte y después de un breve silencio pasa a hablar de otra “religión”, cuando era hippie en Nueva York, “entre el 67 y el 72, más o menos” y desayunaba cada día con LSD.
Eras un poco hippie.
¡Hippy total…! Vivía en Central Park, después fui a San Francisco… Vivía enganchada en el ácido lisérgico, era una religión, viste, me levantaba y me tomaba 400 microgramos. Fueron 4 o 5 años.
¿Y podías trabajar?
Bueno, hacía los dibujos psicodélicos. Que son distintos porque son hechos por muchos, no tienen mucha identidad. El psicodélico no es un arte que esté tanto en los museos. Porque es un arte comunitario. Yo empezaba un dibujo y lo seguía otro. Yo agarraba el de otro… Eramos todos uno.
¿Y todos tomaban ácido?
Sí, vivíamos como en comunidad, éramos unos 14 o 15. Conocí a Timothy Leary, estuve en San Francisco con Allen Ginsberg… Todos tomábamos. ¡Todos! Pero era una re-li-gión. Era muy genial. Nadie compraba ropa… A mí me iba bien en todas las galerías de arte y era famosa por el Minuphone y el Minucode, pero nunca más fui a la calle 57 ni a las galerías, no soportaba lo formal. Vivíamos en Low East Side y había una tienda de ropa y una dejaba la ropa y se ponía otra… Y nadie era dueño de nada, nadie era dueño de casa, nadie tenía nada.
Pero era riesgoso, mucha de esa gente se reventó y se murió. O quedaron ciegos porque tomaron ácido lisérgico y se pusieron a mirar el sol. Otros se volvieron iuppies, que fue lo peor. Acido lisérgico de fin de semana. Tomaban ácido para divertirse.
¿Y ustedes?
Nosotros, los hippies del principio, los de Woodstock y la isla de White éramos hippies de verdad. Lo que vino después fue otra cosa… ¡Pero era fantástico! Por ejemplo me miraba la mano y veía la mano de una persona de cien años… A los 28 años me miraba al espejo y era una vieja de 90, me veía todas las arrugas, todo lo que te iba a pasar, todo.
Pero explicame bien, ¿cómo es, se altera la percepción?
La percepción es exageradamente fuerte. Se te abren todas las puertas. Entonces por ejemplo, te tomás un taxi, sentís la mala onda del taxi y te tenés que bajar porque no lo podés soportar. No podés soportar la vida… ¡No podés soportar la comida…! Pero en el Central Park la pasábamos bien… leíamos William Blake… Después de tres años de tomar ácido ya te acostumbrás, entonces tomabas el ácido, te ibas a Central Park, te subías a un árbol (aunque parezca increíble), charlabas con otros que eran igual que vos, no tenías contacto con la realidad, comías comida macrobiótica que la hacíamos nosotros mismos en frascos, y vivías ahí descalzo y leías William Blake, leías y te transportabas. Yo en Londres fui a ver la muestra de dibujos de William Blake y me metí adentro. Te metías adentro de las obras… De William Blake o del Renacimiento. Así era. Después llegué a la Argentina, hice el diario ese underground, Lo inadvertido, contagié a todo el mundo del hipismo ahí en el 68, 69, cuando surgió Almendra y todos esos, después me volví a Washington, seguí siendo hippy como hasta el 70 y pico. Post hippie: ya no tomaba ácido porque me asusté mucho. Mucho, mucho, mucho. Cuando dejé de tomar ácido el golpe fue brutal. Y después ya nadie te hacía caso porque llegabas tarde a todos lados, vivías en tu mundo… Entonces te cerraban las cuentas en los bancos, no pagabas, te echaban de los departamentos… Ya eras como vandálico y ya se empezó a acabar el hippismo, todos mis amigos se empezaron a morir, a Timothy Leary lo metieron preso…
Dirías que el ácido lisérgico es una droga intelectual…
Totalmente. Y además vos la tomás y lo que hacés es viajar cuatro horas. Y ese viaje es absolutamente maravilloso porque vos ves los colores… Por ejemplo estos colores con los que trabajo ahora creo que son resultado de lo que hice antes. Porque ya me quedó expandida la conciencia, no se me cerró.
Claro, tenés la memoria de eso…
No sé si la memoria.
No me refiero a la memoria intelectual, sino sensorial, una memoria de los sentidos.
No, yo creo que es la conciencia, se te expande la conciencia. Te mirás la mano y ves la mano de una persona de 100 años, 200 años, no sé, tres vidas.
Una lucidez muy fuerte...
Claro. Entonces por ahí te da miedo. Yo me acuerdo que una vez en San Francisco, había ido a dar una conferencia y me agarró pánico de los alumnos, pánico de Berkeley, de la universidad, de todo, que me pareció terriblemente straight . La gente formal me parecían policías todos. Entonces me tenía que ir y eso te margina muchísimo. Pero al mismo tiempo vivís una cosa inolvidable y para mí es extraordinario lo del ácido. Es maravilloso haberlo vivido. Fue peligroso porque andaba con la marihuana Acapulco gold y 200 pastillas de ácido lisérgico encima y entré en la Argentina cuando nadie sabía eso y los repartí por la calle Florida cuando hice “Importación/Exportación”. Porque yo creía firmemente que todo el mundo tenía que tener la conciencia expandida. Y de ahí salió la maravillosa música de los Rolling Stones y de Los Beatles, y ahí lo conocí a John Lennon y éramos todos iguales... Fue genial. Pero se pasó, ya pasó. Me quedó toda esta mezcla de colores flúo porque era como vivir en flúo. Yo ya no puedo, pero a mucha gente le haría bien abrir un poco los sentidos, “las puertas de la percepción”, como decía Aldous Huxley. Podría gozar mucho más de la vida. Porque vos mirás una flor y te metés en la flor. El tiempo es otro. Agarrás un libro y te metés en el libro, mirás un cuadro y te metés en el cuadro, mirás el cielo y estás en la Vía Láctea.
De aquella época del ácido, ¿tenés obra buena?
Sí, pero están vendidas... En el catálogo de la retrospectiva que hice en el Malba hay unos dibujos que hice en un viaje de ácido fabuloso... Pero no tienen valor estético, tiene valor testimonial e histórico. En el MoMA no vas a ver obras hechas bajo el efecto del ácido. No existen en la historia del arte. De artistas borrachos, sí. Picasso era borracho, Modigliani era borracho, todos borrachos...
En esa época ya estabas casada. ¿Tu marido, que es economista, te acompañó en eso?
No, ni sabía. Porque yo tengo la capacidad de ser muchas personas en una. Llegaba a mi casa y era con él de una manera, pero cuando me encontraba con los otros era de otra. Y vivíamos mucho tiempo separados porque él estaba en otros estados de Estados Unidos estudiando economía en Columbia, o en Colorado... Y cuando me hice hippie él ya había vuelto a la Argentina y yo me quedé allá. Y mi hijo ya había nacido y estaba acá con el padre.
¿Por qué volviste a la Argentina si te gusta tanto Nueva York?
Porque me inspira la Argentina. Si yo me hubiera quedado, hoy sería millonaria. En la Colección Lichtenstein hay 76 obras mías, y en la de Andy Warhol también. Pero si viviera allá, “El Partenón de libros” nunca lo hubiese hecho, ni “El Obelisco de pan dulce”. Estaría haciendo un arte sofisticado y sería de l’école americana.
¿Fue una elección tuya?
Sí, fue una elección. Ya me estaban transformando en una artista de la escuela norteamericana, con Nam June Paik y todo el arte tecnológico. Pero cuando llegué acá dije: con esta realidad tan obtusa y cerrada hay que acostar al Obelisco. Después hice las esculturas de las caras cortadas, frente a lo multifacético de esta sociedad en la que tenés que acostumbrarte a tener siete presidentes en una semana, el dólar que sube y baja... En Nueva York, estaría haciendo un arte súper sofisticado que no tiene nada que ver con la esencia argentina. Entonces prefiero ser argentina, quedarme acá y listo.
¿Pero valorás ese arte tan sofisticado de Nueva York?
Sí, es un arte fantástico, todo lo que hacen es extraordinario. Por eso hay gente que se quedó ahí. Además los artistas son muy valorados. Acá no... Acá yo soy valorada pero tipo payasesco...
No hay en la Argentina un artista tan popular como vos. ¿Cuánto de esa popularidad se debe a tu arte y cuánto a tu personaje? Porque no hay tanta gente interesada en el arte...
No, pero ahora está interesando más porque es la única manera de salvarse de la realidad terrible que vivimos. Y por eso lo de casarme con el arte fue tan importante. Porque muestra que todo es posible en el mundo del absurdo y de lo inmaterial. Vos podés estar en una cueva, siendo pobre, y con tu imaginación –si leyeses libros y no mirases toda la basura que hay en la televisión– estarías bien. Hay una posibilidad de sentirse bien a través del arte. Yo creo que la gente lo sabe. Por eso el otro día cuando me casé con el arte dije “ojalá mucha gente que gasta plata en Punta de Peste haciéndose casas de quince millones, hagan museos privados y muestren el arte de los argentinos. Los norteamericanos en la década del 50 les quisieron ganar a los franceses y se propusieron revalorizar a Pollock, a Rothko, a Barney Newman, y los revalorizaron y les ganaron... El mismo Andy Warhol vale más que un Van Gogh ahora. Eso lo hicieron los norteamericanos con una fuerza de conciencia nacional. Fue un plan nacional para ayudar al arte y convertirlo en una fuente de turismo. En todas las provincias debería haber museos para que la gente vea el arte de los argentinos y no que vaya a comprar arte afuera.
¿Muchos argentinos compran arte afuera?
Muy pocos. Habrá 15 o 16. Pero hay y lo tienen escondido. Lo compran en Art Basel y lo traen escondido. Y nadie sabe lo que tienen. Pero no compran arte argentino. Porque ¿yo cuántas obras tengo aquí en el taller? 650 o más...
Es que compran arte no como obra sino como una inversión, como si compraran bonos...
Claro, si comprás un Botero después lo vendés en cualquier lado.
¿Qué te parece arteBA?
Yo odio las ferias. Te hacen sentir mal mal porque hay mucha ansiedad por vender y los artistas se sienten mal si no venden. Es un espanto. Yo nunca pensé en vender. Hacía arte porque quería y si vendía, era un milagro...
¿Este dominio del mercado y esa ansiedad por vender condicionan la producción de los artistas? ¿Crean lo que pide el mercado?
Si son malos artistas, sí. Hay muchos escultores y pintores, pero hay pocos artistas. Artistas hay contados en el mundo. Jeff Koons no es un grande... Ni Damien Hirst, son fenómenos del mercado... No son Rauschemberg ni Picasso ni Dalí.
¿Qué hace que un pintor o un escultor sea artista?
¡Que sea auténtico...! Y que no se contagie con todas las corrientes que lo involucran. Y que no le haga caso a nadie. Yo abandoné los colchones porque no tenía taller en Nueva York. Y volví a los colchones, que es algo que inventé yo, y tuve la valentía de volverlos a hacer sin tener miedo de que digan que me repito. Muchos tienen miedo y piensan: “¡Ay, no, todos los años tengo que hacer algo nuevo!” Yo hace 47 años con “La Menesunda” hice obra site-specific, que ahora es lo último; fui la primera artista en el mundo que hizo arte con televisión con “Simultaneidad en simultaneidad”; todo eso se está revalorizando en el mundo como obras pioneras hechas en la Argentina. Pero todo eso fue posible en esa época gracias a que había grandes hombres, como Romero Brest, Julio Payró, Córdoba Iturburu, que pensaban y eran filósofos... No hay ahora grandes pensadores del arte; lo que hay son críticos a los que les pagan por escribir, ése es el drama. Pero no hay filosofía del arte. El mercado arruinó todo.
¿Cuándo empezó?
En la década del 60 en el mundo entero había pensadores sobre el arte. Pierre Restany, Lawrence Alloway... Cuando aparece el Pop rompre todas las estructuras. Pero sobre todo porque Estados Unidos quiere ganarles a los franceses, quiere haber sido impresionista, quiere haber sido fauvista, y no lo fue. Entonces con el action-painting ponen todo en sus artistas. Lo que habría que hacer aquí es poner todo en los artistas argentinos, sean buenos o malos... ¿Por qué Alan Faena gasta 100.000 dólares en traer artistas extranjeros? ¿Por qué financia tan pocos argentinos? Porque no cree que valga la pena pagar 30.000 dólares por una obra argentina. Por eso muchos artistas no tienen plata, trabajan de profesores... Hay muchos artistas buenísimos en la Argentina. No sé si son tan geniales como yo, porque tampoco el mundo puede producir tantos buenos artistas. En el Renacimiento estaban Leonardo y Miguel Angel y en los 400 años siguientes no pasó nada, eran todos rococó y barrocos. Hasta el impresionismo. Entonces la década del 60 hizo boom. Pasó en el rock, en la literatura, en el cine. Antonioni, Fellini, Godard, Truffaut... ¿Cómo vas a comprarlos con Stephen Spielberg que es puro tecnicismo? No podés, faltan ideas. La gente no cree en la abstracción ni en las ideas. Hace poco releí El arte de amar , de Erich Fromm, y leí Elogio del amor , de Alan Badiou. Badiou no le llega ni a los talones a Fromm. Tampoco hay ya grandes filósofos... Toda la libido quedó en Internet y en las comunicaciones, que fueron un cambio brutal...
¿En qué momento empezaste a hacer la artista que sos hoy?
En los 60, cuando agarré el colchón de mi cama y lo puse en una obra. Con el colchón, descubrí el arte blando y después el arte pop y después el arte conceptual. A raíz de ese colchón me liberé por completo de la pintura y del relieve. Necesitaba una forma blanda, entonces agarré mi colchón y lo clavé y desde entonces soy igual. Fue un golpe de genialidad.
¿En Nueva York te sentirías tan cómoda hoy como en los 60?
Los americanos eran muy abiertos en esa época. Ahora no estoy tan segura. En el MoMA me encontraba todos los días con amigos y nos divertíamos como locos. Ahora hay miles de personas, no hay un café donde sentarse, es muy desagradable. Ya es un shopping. Aunque esté Picasso. Con el Pompidou es lo mismo...
En el 63 destruiste toda tu obra en un happening. ¿Volverías a destruir hoy todas tus obras?
¡Sí!
¿Por qué?
¡Porque me gusta!

viernes, 18 de enero de 2013

ARTE SUMERIO- ACADIO

El arte sumerio-acadio

Tabla sumeria procedente de Lagash
Época: Mesopotamia
Inicio: Año 3500 A. C.
Fin: Año 2000 D.C.


(C) Alvaro Cruz García





El arte sumerio nació, ante todo, como una manifestación del sentimiento religioso, siendo destinado a la glorificación oficial de la fe y del poder político tan íntimamente unido a aquélla. En este sentido, el arte sumerio fue un arte anónimo, colectivo y de una continuidad estética acusada, copiándose una y otra vez los modelos antiguos, tenidos como paradigma. En cambio, en las artes menores, al ser mucho más personales, se alcanzaron cotas de originalidad, caso de la glíptica y de la orfebrería, donde la variedad de temas y la soltura técnica revelan la existencia de grandes artistas.
La actividad principal de los sumerios fue la construcción de templos y palacios, entes que se convirtieron en centros absolutos del quehacer cotidiano y que significaban la condición primordial de toda existencia, ya que sin el binomio dios-rey o, lo que es lo mismo, templo-palacio, no podía existir la ciudad o la aglomeración humana.
Sin embargo, la arquitectura estuvo muy condicionada por los pobres materiales de construcción existentes en el país (adobe y ladrillo, caña, palmera). La carencia de madera y piedra dificultaron su desarrollo y en buena parte han sido las causantes de que apenas nos haya llegado nada.
Conocemos muy poco de los templos de Eridu, de Gawra, de Uruk (Templo de caliza, Templo blanco), todos ellos de planta rectangular, o de Tutub, también rectangular, pero rodeado por una doble muralla ovalada. Nada ha sobrevivido del famosísimo templo Eninnu de Girsu, restaurado por Urbaba y reconstruido por Gudea, y tan sólo nos han llegado algunos restos de la monumental torre escalonada del templo de Ur.
De los palacios sumerios (Eridu, Kish, Tell Brak, Ur, Eshnunna) es también poco lo conservado, con excepción del palacio de Mari, reconstruido y ampliado a lo largo de su historia. Muy poco se puede decir de los edificios civiles sumerios (casas, almacenes), así como de sus obras de ingeniería (murallas, caminos, canales, puertos fluviales, fortalezas).
Como se dijo, los sumerios alcanzaron un gran nivel artístico en la glíptica, manifestado en sus sellos de botón o cilíndricos (verdadera tarjeta de identidad personal de sacerdotes y funcionarios). Los millares de ejemplares llegados nos sorprenden tanto por su dominio técnico como por la amplísima variedad de temas de desbordante imaginación.
Obra cumbre del relieve sumerio es el Vaso de Uruk, soberbia pieza de alabastro de casi un metro de altura, que representa en sus tres frisos escenas alusivas a la procesión y ritual de las fiestas del Año Nuevo.
Piezas relivarias de buen nivel artístico son algunas estelas (Estela de los buitres de Eannatum, Estela de la victoria de Naram-Sin, Estela de Urnammu), placas (Placa de Khafadye, Placas de Urnanshe y de Dudu de Lagash) y mazas votivas (Maza del Museo de Copenhague, Maza de Mesilim de Kish).
También la estatuaria de bulto redondo conoció obras excepcionales: la Cabeza de la dama de Uruk (en realidad, una placa), de rasgos muy naturales y serena expresión; el gran número de esculturas de diferentes tamaños y épocas (el grupo de orantes del templo de Abu en Eshnunna, las estatuas de Ibih-il y de Lambi-Mari, la estatua de Manishtusu y las magníficas estatuas de Gudea -sentado o de pie- de las que nos han llegado una treintena y que constituyen el culmen de la estatuaria sumeria).
Con excepción de unas esculturillas y los clavos de fundación, muy pocas son las obras artísticas trabajadas en metal que han pervivido hasta hoy. Se reducen a unos candelabros (Kish) y pedestales para ofrendas (luchadores de Tell Agrab), la maqueta de una cuadriga de onagros (Tell Agrab) y un panel con el águila Imdugud (El Obeid), todos ellos en cobre y de época protodinástica. De época acadia nos han llegado dos magníficos ejemplares en bronce: una espléndida cabeza de rasgos mayestáticos -cabeza que a nuestro entender simboliza la concepción teocrática de la monarquía- y que pudo representar a Sargón I de Akkad o a Naram-Sin, y la parte inferior de una figura femenina, hallada en Dohuk, con una dedicatoria a Naram-Sin.
Donde los sumerios alcanzaron gran perfección fue en la orfebrería, según demuestran los objetos hallados en las tumbas reales de Ur (ajuares, joyas de la reina Puabi, arpas, carnero rampante, casco de oro de Meskalamdug, etc.) y el magnífico Vaso de plata de Entemena, quizá la obra cumbre de la orfebrería sumeria, realzado con finas incisiones.
Mención especial debe hacerse de los llamados estandartes, en realidad magníficos paneles con incrustaciones de concha y lapislázuli embutidos en asfalto sobre madera. Señalamos el de Ur, muy divulgado, en donde se recogen escenas de guerra (victoria?) y de paz (fiesta?) y el de Mari, en muy mal estado, procedente del templo de Ishtar, con representaciones de altos dignatarios.
Ese fino trabajo de incrustación puede verse también en las cajas de resonancia de las arpas, tableros de juego y otros objetos, la mayoría de ellos localizados en Ur, o en los mosaicos de Kish y El Obeid (friso con escenas de vaquería).
En síntesis, todo este arte, de bastante interés y de notable calidad, manifiesta los orígenes de un vasto círculo cultural que continuado y ampliado por asirios y babilonios alcanzaría su proyección en la cuenca mediterránea.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Balance de 2012

Lo que deja 2012, un año para recordar


¿Por dónde empezar? Por la pintura de Cézanne Los jugadores de cartas comprada por la jequesa de Qatar en 250 millones de dólares. Se trata de una de las versiones de los jugadores que pintó Cézanne, introductor del cubismo con su célebre pintura del monte Saint Victorie, en 1895, en la que el paisaje facetado marca el comienzo de una nueva manera de mirar. Desde febrero de 2012, Cézanne es el artista más cotizado de la historia.
Con la venta de Los jugadores de cartas se confirmó lo que todos imaginábamos: cada día hay más museos en el mundo y menos colecciones disponibles. Convertidos en destino de miles de turistas, estas catedrales del siglo XXI mueven el amperímetro del turismo y suman estrellas a las ciudades. Va como botón de muestra por si falta hiciera lo dicho una semana atrás en estas páginas por el dos veces ministro de Cultura de Mitterrand, el carismático Jack Lang. "Cuando construimos la Pyramide diseñada por el chino Pei, como puerta de acceso al Grand Louvre, la cifra de visitantes se multiplicó por cuatro."
 
Obra de Richard Anuszkiewicz exhibida en el Macba. 
Para decirlo con las palabras del inefable Federico Manuel Peralta Ramos, despedimos un año "raro". Muchas puertas se cerraron y muchas señales alertaron sobre una realidad social y económica compleja. Sin embargo, tal como sucedió en 2001, cuando la peor de las crisis les puso alas a proyectos de artistas y a ferias -basta recordar la exitosa edición de arteBA 2002 impulsada por Jacobo Fiterman contra viento y marea-, este año se multiplicaron las buenas noticias que fortalecen los argumentos para hacer de Buenos Aires la capital cultural del Cono Sur.
En septiembre, cumpliendo a rajatabla con el cronograma anunciado, Aldo Rubino inauguró el Macba en el histórico barrio de San Telmo, con un vecino de "alta gama" como es el Mamba y la decisión de dar visibilidad internacional a la abstración y a la geometría. Rubino, financista y banquero de Wells Fargo con base en Miami, amigo de tenistas inversores, comenzó coleccionando por placer y terminó inaugurando un museo atractivo, donde el color y la línea son protagonistas (foto arriba). Desde que abrió sus puertas Macba despertó el interés del público local y de revistas de culto como Monocle de Tyler Brulè, y abrió, como era de esperar, el libro de pases en el arte. María José Herrera, pilar por años del staff del Museo Nacional de Bellas Artes, es la actual directora de Macba. Es noticia fresca el pase de Florencia González Langarico, directora del programa educativo de Malba que llevará su know how al museo de la avenida San Juan, centrado en la geometría con obras de Le Parc, Cruz Diez, Kasuya Sakai, Sobrino y Gachi Hasper, entre otros.
 
Móvil de Julio Le Parc, uno de los grandes protagonistas de arteBA 2012. 
En el balance de un año excepcional para el mundo del arte, Buenos Aires fue escenario de muestras de altísima calidad. Una seguidilla que ni el más optimista gurú hubiera imaginado permitió ver en la ciudad remota obras de Rafael, Tiziano, Lorenzo Lotto, Il Guernico, Crivelli, procedentes de la región Delle Marche, en Italia, con el auspicio de un nuevo "jugador", el financista y emprendedor Enrique Blackley (Hope Funds) y la organización de Artifex, que debutó con la muestra en el Museo Nacional de Arte Decorativo bajo la conducción de María Pimentel Lanusse. Mención aparte merece la Fundación Osde que lleva adelante con la curaduría de Teresa Costantini un tarea digna y ejemplar.
Tras un año de conversaciones e intercambio de ideas con la curadora Diana Weschler, el conceptual Christian Boltanski creó inquietantes y provocativas instalaciones para la vieja biblioteca de la calle México; el Hotel de Inmigrantes y el pabellón de Muntref, rama museológica de la Universidad Nacional de Tres de Febrero que tendrá a su cargo el futuro Museo de Inmigrantes (ver página 11).Casado con Annette Messager, Boltanski (París, 1944) es considerado el artista vivo más influyente de Francia. Representó a su país en la última Bienal de Venecia con una instalación que invitaba a la reflexión y movilizaba los sentimientos más profundos.
Fundación Proa en 2012 volvió a concretar un proyecto en línea con las exhibiciones de los Olmecas, Louise Bourgeois, Sol LeWitt, y trajo a la luminosa sede de La Boca 140 piezas del suizo Alberto Giacometti , en cooperación con los Museos de Arte Moderno de Río de Janeiro y la Pinacoteca de San Pablo, con el incondicional aporte de Tenaris. Presidente de Proa, miembro del comité del MNBA y del comité de selección de Cancillería para la Bienal de Venecia, Adriana Rosenberg no teme los desafíos. Es la mayor muestra del suizo realizada en la Argentina. Una puesta memorable de Véronique Wiesinger que hilvana la historia de afinidades entre Giacometti, los coleccionistas Jorge y Matilde Born, los Pirovano y el genial decorador, precursor del minimalismo, Jean-Michel Frank.
 
La muestra de Alberto Giacometti continúa en Proa hasta el 9 de enero. 
Termina un gran año para Malba al sumar en su calendario de exposiciones obras de Nan Goldin, Tracey Emin, Beatriz Milhazes y Óscar Muñoz, además de iniciar el programa de cooperación con el Museo de Bellas Artes de Houston, impulsado por los curadores Marcelo Pacheco y Mari Carmen Ramírez. En 2012 viajaron a Houston 50 obras maestras de Malba, entre ellas la "postal" del museo que es el Autorretrato con loro, de Frida Kahlo. Para coronar, Malba cerró la temporada con el anuncio oficial de la ampliación del museo votada por mayoría absoluta en la Legislatura porteña.
Serán 4000 metros cuadrados de salas, bajo la plaza Perú, según un proyecto del oriental Carlos Ott, que permitirá contar con nuevas salas de exhibición para la colección permanente (se exhibe actualmente sólo el 30 por ciento del patrimonio), mil metros para muestras temporarias, dos auditorios y espacios destinados a las actividades didácticas, consideradas clave por el fundador del museo, Eduardo Costantini, en la misión de Malba. En la plaza Perú el estudio brasileño Burle Marx recuperará el espacio que supo ocupar un laberinto creado por el paisajista, colaborador de Niemeyer en Brasilia y diseñador de esas veredas ondulantes por las que supo caminar tantas veces la garota de Ipanema, en Río de Janeiro. Cuesta creer que la piqueta sin alma haya arrancado el laberinto de su emplazamiento original . Burle Marx tiene una segunda oportunidad.
En el imponente Faena Arts Center de Puerto Madero, Los Carpinteros se aplicaron a crear esas fabulososas instalaciones que asocian genio y delirio en un estilo que ya es la marca registrada del colectivo cubano, responsable, también, del stand de El País de Madrid en la última edición de ARCO. Franz Ackermann cerró el año en el FAC con un explosivo mural inspirado en las mil caras de Buenos Aires. Mientras tanto, el empresario y desarrollador inmobiliario Alan Faena no se queda quieto: el próximo paso será Miami, donde los multipremiados arquitectos Rem Koolhaas y Norman Foster avanzan con un proyecto que le dará nueva vida y metraje al viejo hotel Saxony de South Beach, Miami.
Será la oportunidad de trazar un paralelo entre el patrimonio arquitectónico y aluvional de Miami y el de Buenos Aires, ese formidable patchwork estudiado con lupa por el arquitecto Fabio Grementieri, que tiene en preparación un volumen sobre Miami-Buenos Aires. Recurso no renovable y orgullo de Buenos Aires,el patrimonio arquitectónico será el eje, también, de una serie de notas que publicará adncultura a partir del próximo viernes. Una suerte de "manual" por entregas cuyo punto de partida es el irresistible encanto de la influencia francesa y la piedra París que definen el perfil único de la ciudad.
 
Siesta, de Antonio Berni, uno de las nuevas adquisiciones del Museo Nacional de Bellas Artes para la sala que llevará el nombre del rosarino. 
En 2012 la ficción se dejó seducir por el glamoroso mundillo del arte y convirtió a los habitués en personajes de novela. Primero el gran éxito de Michel Houllebecq con El mapa y el territorio, que le valió el premio Goncourt. Narra la vida de un artista conceptual que conquista fama, éxito y dinero con una remake de los mapas distribuidos con las guías Michelin. Con gracia y mucha insight information describe los vernissages animados por Bernard Arnault (LVMH), Carlos Slim (Claro) y François Pinault (Christie's) , sorprende por la seguridad con que se mueve en la arena del arte. Otro tanto puede decirse de Un objeto de belleza, de Steve Martin, divertida radiografía del universo de las subastas y los marchands. Todo visto por un narrador onmisciente, crítico de la revista Art Forum, y protagonizado por Lacey, una chica arty con más ambición que escrúpulos que inició su carrera en Sotheby's .
En 2012 se hizo evidente que existe otra tensión entre el público no iniciado, las empresas y el arte. Cierto frenesí por "pertenecer". El increíble suceso de público de arteBA y Buenos Aires Photo, los bares temáticos, las librerías que cuelgan muestras, las clínicas para neófitos y las becas para especialistas. Los coleccionistas de hoy sintonizan con el creciente protagonismo de los sponsors en la realización de proyectos,premios y donaciones. Va como ejemplo el invalorable aporte de la Asociacón de Amigos de Bellas Artes, presidida con solidez por Julio Crivelli, en el ambicioso proyecto de aggionar nuestro museo mayor.
Y están los artistas como celebrities. En este selecto club de elegidos está Adrián Villar Rojas, rosarino de 32 años salido de las canteras de Curriculum Cero (Ruth Benzacar), representante argentino en la Bienal de Venecia. Este año expuso en la Documenta de Kassel su obra Return to the World (página 4) y fue "fichado" por Marion Goodman, que tiene en su staff a Gabriel Orozco, Anselm Kieffer y Tony Kragg, entre otros ,
 
La muestra Meraviglie dalle Marche reunió 600 años de pintura italiana en el MNAD. 
Para Guillermo Alonso, director del Museo Nacional de Bellas Artes en los últimos cinco años, 2012 puede ser el año de los sueños cumplidos. Al nuevo guión curatorial de la planta baja enfatizado por una paleta de colores que pone en valor la piel nívea de la Ninfa sorprendida de Manet y el ocre dramático de Sin pan y sin trabajo, se suma el replanteo total del primer piso. Habrá una sala dedicada a Berni donde se exhibirán las nuevas adquisiciones: Siesta, El Cristo en el departamento y San Sebastián. Se cumple así la voluntad de acrecentar el patrimonio, según el deseo de Eduardo Schiaffino cuando fundó el museo el 26 de diciembre de 1896.
La relectura de las colecciones realizada por el crítico e historiador Roberto Amigo busca potenciar el diálogo entre el arte argentino, las obras latinoamericanas y el arte europeo, una mirada abarcadora que privilegia los lenguajes expresivos. El mejor ejemplo es la pareja que forman El equilibrista de Curatella Manes y la pintura circense de Léger que exhibe la inconfudible solidez escultórica de sus figuras.
En un año de debates abiertos e interrogantes sin respuesta, el Mamba cobró inusual protagonismo por la muestra Últimas tendencias II, que más allás de razones y sinrazones permitió trazar un panorama de lo producido en la Argentina del siglo XXI. Bueno es saber que cierra la temporada con una retrospectiva de Margarita Paksa. Eternamente joven.

frida viajera

 
De Buenos Aires a Houston. El Autorretrato con loro de Kahlo fue comprado por Eduardo Costantini en las salas de York Avenue y la calle 72 de Manhattan. Mientras duraron las obras de Malba acompañó a peatones y conductores como una gigantografía y fue tapa del catálogo del museo. En 2012 viajó al MFAH como parte del programa de intercambio.

Temas & protagonistas


  •  
    Obra de Christian Boltanski en la antigua sede de la Biblioteca Nacional. 

    Centro Cultural Recoleta.
    El más visitado de Buenos Aires despide el año con muestra multimedia organizada por la Universidad Maimónides y unipersonales de Ana Lía Werthein y Jorge Canale
    Aldo Sessa y Buenos Aires.
    Medio siglo con la cámara al hombro, la muestra del fotógrafo caminante inauguró una nueva era para la Colección Fortabat
    César Peli y León Ferrari.
    Arquitecto y artista recibieron en 2012 el Konex de Brillante por su trayectoria en la edición consagrada a las Artes Visuales
  •  
    Obra de Leandro Erlich en la Usina del Arte. 

    Buenos Aires Photo.
    Cayetano Arcidiácono y Julieta Escardó ganaron el primer y el segundo Premio Petrobras 2012
    55a Bienal de Venecia.
    Nicola Costantino transfigurada como una reencarnación de Evita en una secuencia de instalaciones visuales es la candidata a estrenar el pabellón argentino en los Arsenales venecianos.

un récord millonario

 
Los jugadores de cartas , de Cézanne.
A la jequeza Mayassa Bint Hamad bin Khalifa no le tembló el pulso cuando tuvo que poner 250 millones de dólares sobre la mesa para quedarse con una pintura icónica que puede ser el emblema del nuevo museo de Qatar. Hija del emir y con diecisiete hermanos, Mayassa se formó en universidades europeas y preside la Fundación Nacional de Museos de su país. Fue ella quien decidió comprar y exhibir un gigantesco Murakami en el Museo de Arte Islámico proyectado por el chino I. M. Pei (Pirámide del Louvre). Sus ambiciones culturales se extienden al mundo del cine. Asociada con Robert de Niro organizó el Festival de Cine de Tribeca, en Doha..

viernes, 21 de diciembre de 2012

MATISSE

La evolución de Matisse hacia el éxtasis

"Matisse: En busca de la verdadera pintura", que se exhibe hasta el 17 de marzo en en el Metropolitan Museum of Art en Nueva York, la muestra presenta la larga carrera de este maestro francés con apenas cuarenta y nueve pinturas, pero casi todas son obras maestras.

POR ROBERTA SMITH - The New York Time


El gran modernista francés Henri Matisse (1869-1954) no era muy sociable. A principios del siglo XX encabezó la breve ola de los fauvistas ­esas "bestias salvajes" de vivos colores­, pero por lo demás se abstuvo de participar en los movimientos que signaron el arte moderno.

Se identificó con artistas del pasado remoto o no tan remoto y tuvo una fluida relación con el cubismo. Pero su mayor deseo era, en sus palabras, "avanzar y profundizar en la verdadera pintura".

Su evolución, rigurosa pero libre, es el tema de "Matisse: En busca de la verdadera pintura", que puede apreciarse en el Metropolitan Museum of Art en Nueva York, una de las exposiciones más emocionantes e instructivas que puedan verse sobre el pintor. (Se extiende hasta el 17 de marzo.) Tan fascinante como sucinta, la muestra presenta la larga carrera de este maestro francés con apenas cuarenta y nueve pinturas, pero casi todas son obras maestras.

La muestra presenta bajo una nueva luz la propensión de Matisse a la copia y el trabajo en serie.

Las pinturas avanzan en pares o en grupos organizados por tema: dos naturalezas muertas con fruta y compota, de 1899; dos versiones de un joven marinero sentado de manera informal en una silla, de 1906; cuatro vistas (1900 a 1914) de Notre Dame.

La última galería ofrece cinco pinturas de fines de la década de 1940 que representan el estudio de Matisse en colores saturados, planos.

Divididos en ocho galerías, cada par o grupo forma su propio miniseminario. En su conjunto, muestran un Matisse que se desplazaba sin descanso entre extremos, que repiensa y revisita una y otra vez su camino a la grandeza con ideas drásticas sobre economía y acabado.

Debe prestarse atención a su costumbre de pintar colores oscuros sobre otros vivos a los efectos de crear un brillo sutil, así como a su frecuente insistencia en las telas negras como fuente de luz y textura.

Buscó una simplicidad moderna que creó una audaz intimidad entre artista, objeto y espectador.

Sostenía que trabajaba "en busca de lo que siento, hacia un tipo de éxtasis".

La práctica de Matisse de copiar procedía de su formación académica, cuya tradición comprendía copiar los viejos maestros en el Louvre.

Pero él dio al ejercicio un giro hacia el presente y copió trabajos más contemporáneos, además de experimentar con estilos diferentes, más postimpresionistas.

La primera galería comprende la naturaleza muerta en homenaje a Cézanne (1904) y otro trabajo que representa el mismo arreglo a la manera puntillista de Paul Signac (1904-1905).

Aun más interesantes son las dos naturalezas muertas de 1899 con compota y fruta.

Una está pintada con un estilo muy rico y constituye un amplio homenaje posimpresionista (Van Gogh, Gauguin, Cézanne, Vuillard). La otra es austera, casi esquelética: la fruta y los recipientes se caracterizan por ser siluetas planas de colores vivos.

Es posible pasar toda la visita en la segunda y tercera galerías de la muestra, dedicados a reflexionar sobre los marineros y los desnudos con pañuelos blancos.

Resulta casi indignante ver que la gran "Vista de Notre Dame" (1914) casi toda azul del Museum of Modern Art tiene una inesperada melliza del mismo año: una vista relativamente realista de la catedral.

En la década de 1930, Matisse empezó a sacar fotografías en blanco y negro de sus pinturas a medida que trabajaba en ellas.

En 1945 llegó a exponer seis pinturas, cada una rodeada de sus correspondientes fotografías, en la Galerie Maeght de París.

La séptima galería de la muestra del Met presenta tres de las pinturas de Maeght en medio de sus fotos de registro.

Establecen que el avance de Matisse era a menudo muy lento, pese a lo cual solucionaba las dificultades y llegaba a una imagen final que exhala frescura y fluidez. Es evidente que las pinturas de Matisse son casi siempre composiciones muy trabajadas, y es maravilloso ver el proceso a través de una crónica tan detallada. Su éxtasis se basaba en numerosas formas de transparencia.

sábado, 10 de noviembre de 2012

MUSEOS

¿En qué se han convertido los museos?

¿Qué es un museo hoy en día? ¿Lugar de espectáculo y entretenimiento o de conocimiento? La irrupción de las industrias culturales y el turismo puso a la institución en crisis. En la era en que las pantallas y la visualidad mandan, pueden enseñar a mirar y a criticar a través de la imagen o convertirse en apenas un paseo para las multitudes, no muy distinto de la tevé.

POR MERCEDES PEREZ BERGLIAFFA

Todo comenzó por acumulación, esa vieja costumbre que tenemos los humanos. Cráneos, huesos, animales disecados, estampillas, libros, vasijas, bocetos, pinturas, momias, muebles, joyas, esqueletos, tacitas de té… A algunos difuntos, en el Neolítico –y aún en la actualidad– hasta se los enterraba con estos objetos queridos, acumulados a lo largo de toda la vida. Tal era el lazo de apego, tal la significancia. En la Antigüedad Clásica, en cambio, en tiempos en que las reliquias eran los ítems a coleccionar, empezó a esbozarse un concepto distinto, una especificidad: comenzó a valorarse la belleza, y como consecuencia, al coleccionismo de objetos artísticos. Por eso también comenzaron a formarse en Grecia colecciones civiles y privadas, cuyo fin era ostentar un poder económico y político. En realidad, algo bastante parecido a lo que pasa en la actualidad con las colecciones y los coleccionistas salvo que, como dirá más adelante el coleccionista Eduardo Costantini –también dueño del Malba–, hay una característica que tomó un relieve fundamental hoy en día: la de la pequeña sociedad, la comunidad que una colección crea alrededor. “Se va creando una comunidad entre coleccionistas, y entonces se hacen circuitos, se habla sobre las obras, se va a eventos juntos”, dirá Costantini.
Muchos siglos después de Grecia, hace tan sólo diez años, tiburones inmersos en piletas de formol –que no, no son las salas de Anatomía I de la Facultad de Medicina, sino las esculturas de Damien Hirst–, y más esculturas hechas sólo con luz, otras con sangre disecada, gritos guardados en formatos digitales, performances grabadas en DVD o documentadas en fotografías, pinturas hechas con comida, con gusanos, con materia orgánica, también fueron acumulables, coleccionables y susceptibles de ser expuestos, mostrados, en público y en privado… Era la hora del coleccionismo de arte contemporáneo (en realidad, del arte del siglo pasado).
Todos estos objetos acumulados, coleccionados a lo largo de distintas épocas y contextos, fueron formando recordatorios emocionales, conjuntos, pequeños y grandes depósitos a puertas abiertas o cerradas, creados –fundamentalmente– en Europa. Al menos, esta es la parte de la Historia que conocemos. Hasta ahora estamos hablando de coleccionismo, de esa antiquísima dinámica que Susan Sontag define como una conexión entre presa y cazador, entre objeto y amo. Nos referimos al coleccionismo como la antesala del tema que nos interesa: tan sólo porque es un pariente del museo, (“Museos –dirá en su libro sobre el tema Américo Casilla, ex director Nacional de Patrimonio y Museos, ex director del área cultural de la Fundación Antorchas y actual director de Typa)–, esos artefactos tecnológicos producidos por las culturas más diversas”. Las colecciones son su antepasado y también sus primos. Están en varias partes de su árbol genealógico. Recién en la segunda mitad del s. XVIII, con el Barroco y de la mano de los postulados de la Ilustración, se originó un tipo de coleccionismo diferente a todos los anteriores. Con la Ilustración y su afán didáctico, enciclopédico y científico, y luego de siglos de colecciones creadas fijándose a veces más en la cantidad que en la calidad, sin criterios de jerarquización ni clasificación, salvo cuando aparecieron las Wunderkammer , Kunsterkammer , Wonder chamber , Cabinets de Curiosités o Cámaras de Maravillas, durante los s. XVI y XVII, esas habitaciones donde se almacenaban, guardaban o archivaban objetos exóticos o fascinantes. Ahí sí se esbozaron las categorías de “Artificialia”, “Naturalia”, “Exotica” y “Scientifica”. Fue ese coleccionismo el que dio nacimiento al museo, a esos museos que reconocemos emblemáticos, como el Louvre o el Británico. Es el modelo de museo que se asentó en el s. XIX.
En la Argentina, ejemplos claros y grandiosos de este tipo de institución son el Museo de Ciencias Naturales de La Plata y el Bernardino Rivadavia. Gigantes, repletos de mamuts reconstruidos a partir de un hueso, y con vitrinas antiguas, con museografías de otras épocas que conviven con otras contemporáneas, presentan, en un mismo espacio, temporalidades diferentes. “Fijate que las vitrinas del Museo de La Plata no están hechas para que el público pueda admirar lo que se expone, porque son altísimas, en ellas todo está muy arriba, sino que fueron hechas para guardar objetos, o para los investigadores. Y hoy en día siguen funcionando”, dirá el antropólogo y crítico cultural Néstor García Canclini cuando le pregunte sobre los museos a lo largo de los siglos. Por su parte, Irina Podgorny –antropóloga e historiadora de los museos de ciencia–, comentará cómo éstos fueron creándose, en la Argentina, en el s. XIX, a la par que nuestro país, un poco por casualidad, un poco por favor político, otro por voluntad y algo por buena fe.
En América Latina, y en especial en nuestro país, hay varios tipos de museos: existen las casas-talleres de artistas, los de ciencias, los universitarios, los creados en lugares históricos –como el Museo Marítimo en el ex Presidio de Ushuaia–, las salitas armadas con colecciones amateurs, que sobreviven en algunas provincias; y también estos grandes museos más aggiornados, de importancia nacional, con mayor presupuesto, algunos de ellos privados.
Los que hoy tienen más relevancia y visitas son sin duda los de arte contemporáneo. ¿Porque ofrecen educación, como se pretendía en el s. XIX? ¿Porque ofrecen diversión, consecuencia del nacimiento de las industrias culturales de mediados del s. XX? ¿O porque ofrecen, simplemente, un paseo ritual, un “deber hacer”?
En otras palabras, ¿qué es un museo hoy en día? Contesta Néstor García Canclini, vía telefónica desde México: “Los museos hoy en día son muchas cosas, no hay un solo modelo de museo ni una política predominante en el mundo. Mi idea es que ese ciclo de los museos-espectáculo, con arquitectos de nombre, y con un atractivo puesto más en el continente que en el contenido, está cerrándose, esta agotándose.
Entonces, ¿qué modelo de museo piensa que se está formando en el s. XXI en el mundo y en Latinoamérica?
No veo un modelo predominante en el futuro. En América Latina creo que hay varios pertinentes. La Pinacoteca de Sao Paulo tiene un modelo a partir de la restauración de un edificio y de un programa de pocas adquisiciones pero convenios muy inteligentes con exposiciones internacionales itinerantes, como la de Cruz- Diez, que estuvo hace meses allí. Primero estuvo en el Malba y ahora la tenemos en el de Arte Contemporáneo de México.
Más que un modelo de museo, eso es un modelo de itinerancia de las muestras. Eso va creciendo. Otro punto importante es la internacionalización.
¿Por qué es importante la relación internacionalizada de los museos? ¿Qué les aporta?
Bueno, es difícil ya defender un museo ensimismado. La historia de los museos es la de la exhibición de su propia identidad o de las conquistas, si hablamos de los imperios, como en el caso del Museo Británico. Pero todo estuvo centrado en la historia nacional, y en lo que esas naciones habían hecho consigo mismas y con los otros. En la actualidad, la interdependencia es tal, que hasta han surgido nuevos museos, como el de las migraciones, el de las fronteras… y los propios museos nacionales –de historia o de arte– han tenido que reconocer esa interdependencia con lo que sucede en el mundo, con el mercado, con los nuevos medios de comunicación. O sea, los museos compiten con la televisión, con las redes sociales; y las pueden usar, también.
¿La tevé y las redes sociales compiten con los museos porque son un entretenimiento más?
En parte sí. Aunque no son sólo un entretenimiento: tienen que tener en cuenta que la visualidad hoy no se enseña sólo en la escuela o en el cine, si no en una serie de pantallas muy diversas y que ofrecen una variedad, no sólo de entretenimiento sino de información, digerida de otra manera. Esto no quiere decir que el museo deba atelevisarze o convertirse en una red social: tiene un espacio físico que debe considerarse en su especificidad, en su potencialidad. Pero por eso mismo es muy interesante la concepción de colección que están manejando algunos de los principales curadores de los más importantes museos del mundo, como Manuel Borja-Villel, del Reina Sofía, quien habla de centrar los misterios del acervo y de la circulación del arte no en la noción de colección sino de circulación de los acervos.
Por su parte, Jessica Morgan, curadora de la Tate Modern de Londres, en charla telefónica desde esa ciudad, sostiene que “los museos se han transformado en espacios mucho más sociales, comunes e interactivos que lo que eran antes, cuando solían ser espacios para la contemplación individual y reflexiva”. Si se le pregunta para qué sirve un museo hoy en día, responde que los museos hoy son, por lejos, espacios culturales muchísimo mejor situados que cualquier otra institución del mismo tipo (el teatro, el cine, la danza), para hacer frente, como potencia social, a una dirección que podría ser impuesta. “En un museo –agrega con razón–, nadie se ve obligado a sentarse en una silla y a ver algo que le imponen. Yo les doy la bienvenida a los cambios que incrementaron la popularidad de los museos. Creo que es un malentendido imaginar que el incremento de público o de popularidad significa necesariamente una baja de la cualidad.
¿Piensa que los museos se convirtieron en espectáculos o en atracciones turísticas?
No estoy en contra de la idea de espectáculo o de entretenimiento. Creo que el arte puede –y con frecuencia, debe– ser entretenido. Por otro lado, siempre han sido atracciones turísticas. Pienso en el “gran tour”, que se realizó en el s. XVIII como parte de un crucero por museos y sitios culturales europeos...
¿Qué tipo de conocimiento le brindan los museos de hoy en día al público?
Un conocimiento que se deriva del aprendizaje visual, el que en la edad de la sobrecarga de los medios de comunicación es extremadamente importante. Los museos pueden enseñar a mirar, a criticar, a comprender y crear a través de la imagen, en lugar del lenguaje. Son una herramienta muy poderosa de nuestra época.
Para Guillermo Alonso, director del Museo Nacional de Bellas Artes, “un museo tiene distintas funciones. El MNBA, que es un museo de colecciones, es principalmente un lugar de estudio, de preservación de sus propias colecciones. Eso es lo primero. Luego, es sumamente importante la relación que mantiene con la comunidad y con su entorno. En el fin del s. XX y en lo que va del XXI, veo que la conducta del público dentro de los museos se modificó. Las personas van, se quedan horas ahí, cada vez pasan más tiempo. Cuando yo estudiaba Derecho en el edificio frente al MNBA y ni me imaginaba que podía llegar a dirigirlo, venía a estudiar a las salas del museo porque estaban vacías y, entonces, eran silenciosas. Eso hoy es imposible. No habría cómo preparar Derecho Romano en este espacio”, dice con una sonrisa.
Marcelo Pachecho, curador jefe del Malba, no tiene dudas: “Sigo creyendo en el museo –dice– como en una de las instituciones creadas por la Modernidad, transmisora de valores. Sigo creyendo que un museo es el mediador de lazos comunitarios y de pertenencia. Más allá de la transformación que sufrió el museo al entrar en las industrias culturales en los últimos veinte años, con todo el tema de las industrias turísticas, y del ingreso al ámbito del negocio y del show, los museos siguen teniendo esa capacidad. Y me parece una función central. Porque creo que siguen siendo un lugar en el que se maneja fundamentalmente la distribución de valores y que tiene que ver con valores de intercambio, esa distribución particular de la identidad. Y con la inclusión de la ciudadanía, con la pertenencia... Sigue funcionando eso. Pero de una manera complicada, porque enfrenta una situación muy difícil de resolver, en términos de que se han transformado en centros vinculados con el espectáculo y con una concepción del museo donde la gente pasa por las salas sin tener ya relación con la obra.
Entonces, ¿para qué va el público al museo?
Porque el museo se transformó en una institución más de las industrias culturales.
Van de paseo. Los museos construidos en el mundo en los últimos veinte años tienen cada vez mayor cantidad de metros dedicada a las confiterías y tiendas, antes que a las salas de exposición. Muchas veces no es un buen negocio, pero siguen ampliándose porque la imagen sigue siendo poderosa. La imagen sigue siendo uno de los principales mecanismos de construcción de la ciudadanía. Y aun más con la globalización.
En este tipo de museos, donde las exposiciones son tan marketineadas y publicitadas como un espectáculo de Broadway, ¿dejó de importar la obra?
En parte sí, porque en realidad lo que se está vendiendo es una marca. Lo que vendés es el poder de convocatoria que tienen determinados artistas, y todo lo que se mueve alrededor de la historia del arte en relación a los grandes maestros, por ejemplo. Entonces es cierto que parte de las exposiciones se olvidan de las obras. Eso depende de las decisiones institucionales y curatoriales.
En 2001, Eduardo Costantini decidió hacer pública su colección de arte y crear su propio museo. ¿Por qué? Responde en estos términos: “Bueno, yo soy un coleccionista nato. De chico, coleccionaba estampillas. Pero tiempo después, con mi colección de obras, a medida que fue mejorando y los años fueron pasando, tomé conciencia del valor artístico de la colección. Tomé conciencia, también, de la dimensión social que tiene una obra de arte, sobre todo, un conjunto de obras de arte. Y llegó un punto en que me di cuenta de que tanto las obras como los coleccionistas tienen un rol social.” Comenta García Canclini sobre el tema: “Los coleccionistas jugaron un papel importante en la historia de los museos, pero también a veces han puesto muchas condiciones”, . “Es un papel complejo. Pero en la Argentina, el papel del coleccionista está condicionado por la despreocupación del Estado, que no compra casi nada de obra contemporánea. O sea, no compra obra en el momento en que se está produciendo. Esto pasa y pasó en la Argentina y en otros países de América Latina. ¿Qué consecuencias arrastra? Que en buena medida, la obra se está yendo de la región”.
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