miércoles, 21 de mayo de 2014

La profesionalización del arte

Cada vez son más las universidades que contemplan programas de artes en su currícula, mientras las que ya existen están buscando brindar títulos oficiales. Hablan los fundadores de las carreras y de las instituciones.


Dentro de los paradigmas que están cambiando en el país, hay uno que parece llevarse las palmas: Maestrías, posgrados, tecnicaturas y espacios de experimentación funcionan como un germen para que hoy se puede estudiar arte en la Argentina y profundizar las investigaciones en esta materia.
Una de las iniciativas que marcan esta tendencia es la Maestría de Escritura Creativa de la Universidad Tres de Febrero, que dirige la escritora María Negroni. Negroni vivió en Estados Unidos veinte años. Allí daba clases de escritura creativa en la Universidad de Nueva York y muchos de sus alumnos eran argentinos. “¡Era un absurdo! –dice hoy Negroni–. ¿Cuántos argentinos pueden bancarse un proyecto de dos años? Con los escritores buenísimos que hay en Argentina, pensé por qué no armar algo así en el país. Se lo propuse al rector de la Tres de Febrero y me dijo adelante.”
La maestría está atravesando su primer año y en agosto comienza la segunda camada, en la que de 120 inscriptos quedaron elegidos treinta. Como es un curso de posgrado, los requisitos implican tener título universitario. Además, hay que presentar cartas de recomendación y una muestra de escritura. “Al principio, cuando les comentaba la idea a mis amigos me decían que era un invento norteamericano, pero el primer programa de escritura creativa es de la Universidad de Leipzig en Alemania, que es anterior a la famosísima de la Universidad de Iowa, donde se han formado escritores norteamericanos muy importantes. Hoy no hay universidad norteamericana prestigiosa que no tenga su programa. En América latina, Chile tiene una licenciatura en escritura creativa, también Colombia y México”, dice Negroni. En cuanto al panorama local, Negroni da un marco de situación: “En la Argentina hay una modalidad de taller literario en el que uno elige y busca a alguien que admira y va a trabajar con esa persona. Está muy bien, ya que la existencia de los talleres prueba la necesidad de que hay un montón de personas que están escribiendo. De hecho, los treinta lugares que tenemos vacantes no cubren la necesidad y menos para los chicos del interior del país, ya que todo está concentrado en Buenos Aires. En la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA te forman como crítico literario y ahí es otro el proceso. Este tipo de maestrías te permite trabajar con distintos escritores, y podés adentrarte en la práctica de los diferentes géneros pese a que hoy es bastante lábil esa frontera. Además, se forman ciertas redes que, profesionalmente, el día de mañana pueden servir, ya que los profesores publican y tienen acceso a los suplementos literarios y contacto con los editores”. Pero la pregunta, clave, se mantiene: ¿se enseña a ser escritor? Dice Negroni: “Uno no se transforma en escritor en dos años, eso lleva décadas, hasta cuando sos un escritor consagrado siempre estás empezando de cero, pero podés tener una aproximación desde el punto de vista desde la cocina de la escritura. Como dice Rilke en Carta al joven poeta, uno tiene que aprender viviendo, escribiendo y leyendo. La escritura y la lectura son la cara de una misma moneda. Leer y vivir es lo más importante, pero hay cosas de la experiencia que se pueden transmitir y pueden ayudar a impulsarte y sortear alguna etapa. Desde el primer día repito a los alumnos que se olviden de que se van a recibir de escritores, eso no existe, pero sí que pueden salir con algunos instrumentos para recorrer ese camino. Es igual que vivir. ¿Se puede enseñar a vivir? No, pero hay personas mayores que han tenido ciertas experiencia y uno puede aprender de eso”.
Algo parecido dice el cineasta Manuel Antín, director y fundador de la Universidad del Cine en 1991, a sus alumnos en la charla de bienvenida: “Los grandes cineastas nunca estudiaron cine. Y nosotros tenemos bastante experiencia en esta actividad, sobre todo en el interés de despertar vocaciones y enseñar la mecánica, ya que el talento no se enseña. El esqueleto, la carne y la sangre la tienen que poner los alumnos. Y encontrarán en nosotros el apoyo para realizar sus sueños”.
En cuanto a la necesidad de convertirse en una universidad, dice Antín: “Nosotros no sólo enseñamos cine, sino cultura. En nuestro programa hay materias como Semiótica, Historia del Cine o Filosofía, ya que la Universidad del Cine es una facultad de Literatura y Arte con experiencia audiovisual. Los alumnos no salen como técnicos, sino con una formación cultural importante”.
Para el pintor holandés residente en Argentina Rob Verf –que enseña en un curso llamado Arte visual como forma de expresión, en la Universidad Nacional de San Martín–, todos pueden aprender a pintar: “Es un problema técnico, pero lleva determinación y esfuerzo en la práctica y la motivación del estudiante. Lo más difícil de enseñar es sobrepasar el miedo a la creación. Mucha gente tiene miedo de expresarse y busca la satisfacción de un trabajo en el afuera, buscando la opinión de los otros”.
A partir de la Residencia Internacional Artistas en Argentina (RIAA) que se realizó en Buenos Aires en 2006, Judi Werthein, Graciela Hasper y Roberto Jacoby se pusieron a investigar una serie de modelos educativos y posibles ámbitos de formación artística. Tres años después, surgió el Centro de Investigaciones Artísticas (CIA), que se financia con el apoyo de diversas instituciones y donantes internacionales así como algunos locales. El CIA está pensado como un cruce entre artistas y pensadores, especialmente de América latina en la que se dan cursos, talleres, seminarios y conferencias a cargo de distintos especialistas. Cada año se otorgan becas de formación a artistas seleccionados por un jurado local e internacional a los que llaman “agentes”. “Fuimos uno de los que largamos una punta de un fenómeno que se está multiplicando en todas partes en un momento en el que no hay galería que no tenga su seminario de curaduría”, dice el artista Roberto Jacoby, al frente del proyecto. “Habíamos notado que en Buenos Aires hacía falta un nivel de conocimiento mayor del que existía y un espacio de reflexión dentro de un movimiento artístico extraordinario en el que el número de gente que estudia y hace cine, teatro, danza, literatura es enorme y hasta desproporcionado en relación al país que tenemos y hay un interés muy grande de conectar la cultura con el pensamiento crítico”. Si bien la comunidad puede tomar los cursos que brindan, para convertirse en agente hay que tener obra hecha, una acción concreta. “No ofrecemos talleres para aprender técnica, sino que se enseña a mirar el mundo; perseguimos el intercambio de formación, de conocimiento y pensamiento avanzado, el debate, la discusión entre distintas disciplinas, atravesando las fronteras entre las disciplinas y los géneros”.
En esta misma línea se inscribe el Departamento de Arte de la Universidad Torcuato Di Tella, en el que los programas muchas veces funcionan como semilleros de artistas, como sucedió con la Beca Kuitca orientada a jóvenes que trabajaban en todas las disciplinas de las artes visuales en una etapa avanzada. “El Di Tella no tiene posgrados sino programas con profesores-artistas muy activos que no necesitan responder a un plan de estudios. Acá no se aprende un oficio. Es un espacio de experimentación y una puesta en cuestión de la obra para no legitimarla, para ponerla en duda y abrir nuevos paradigmas”, dice Sol Ganim, asistente en el Departamento de Arte que dirige Inés Katzenstein.
Este año, en el marco del Departamento de Arte, el cineasta Andrés Di Tella está dando el taller semestral Proyecto Documental: “Para nosotros era muy importante que los participantes no sólo fueran gente de cine, sino fotógrafos o artistas visuales. Esa mezcla es lo más rico. No hay una exigencia formal de título, ni siquiera haber terminado la primaria, pero hay que tener algo hecho. Europa es más formal, acá no hay exigencia académica porque en general los artista no son universitarios”, cuenta Di Tella, quien desde 2011 a 2013 dio junto a Martín Rejtman el Laboratorio de Cine. “La idea era ejercitar los cortos a un ritmo frenético. Se dividían en cinco grupos y cada uno tenía que hacer un corto por semana durante seis meses. Obviamente que no siempre lo llegaban a cumplir del todo”. Varios de los cortos que se originaron en el Laboratorio luego participaron en distintos festivales de cine.
En este momento se encuentra en evaluación en el Senado de la Nación un proyecto de ley que pretende transformar el Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA) en Universidad Nacional de las Artes (UNA). “El instituto universitario es una modalidad de nivel universitario, pero la ley dice que las universidades se encargan de una disciplina y es una manera muy antigua de pensar el arte. Esta nueva denominación significa una revisión de lo que significan las artes en los niveles de producción de conocimiento universitario, y para nosotros es discriminatorio porque nos dejan afuera de la mitad de las convocatorias y llamándonos universidad mejoran nuestras condiciones. Además, tiene una dimensión política ya que las artes siempre fueron las niñas maltratadas del sistema universitario y de este modo se amplía el límite de lo que son las formas de conocimientos”, dice Sandra Torlucci, la rectora de la institución que comprende cuatro departamentos que incluye a las disciplinas audiovisuales, dramáticas, musical, del movimiento y cuatro áreas transdepartamentales de folklore, formación docente, multimedial y crítica de artes.
En pos de actualizar su programa, el IUNA presentó un Doctorado en Artes, que es el único interdisciplinario del país y tiene una parte teórica y práctica muy importante. “En la mayor parte de las universidades el arte es un objeto de estudio, acá es considerado una productora de conocimiento por sí mismo”, dice Torlucci.
La escuela de Teatro Musical que existe hace quince años de la Fundación Julio Bocca también está haciendo los trámites para convertirse en una tecnicatura superior. “Nunca le prestamos atención a la oficialización del título porque la oferta laboral se da a partir de audiciones y nadie pide ningún título, sino que te subas al escenario y muestres lo que sabés hacer, pero ahora se va imponiendo el avance de la profesionalización de las escuelas de arte en las que se busca una formación más integral y a la vez habilita a la gente que quiere hacer docencia, producción, alternativas al escenario”, dice Martín Pacheco, su director académico.
¿Pero por qué estudiar arte? Una respuesta pertinente la da Verf: “El arte es parte necesaria de la sociedad. Una obra refleja imágenes de la sociedad y da una indicación crítica de dónde venimos y dónde estamos parados. La educación del arte es estimulante para el pensamiento creativo y la resolución de problemas. La visión creativa es importante en todos los niveles de la sociedad”. Para Pacheco, el cambio está sucediendo: “La gente empieza a darle a lo artístico una valoración que no tenía. Era típico de nuestros alumnos la oposición de las familias que no solían apoyar estos proyectos, hoy en día cada vez hay más apoyo de y se entiende que es una profesión que cada uno quiere elegir porque hay cierta búsqueda de lo artístico en esta sociedad enloquecida en la que vivimos y la gente ve en lo artístico un signo de salida y de vocación”.

martes, 13 de mayo de 2014

BEUYS- Homenaje en Dusseldorf

En el 20º aniversario de su muerte, el Kunst Palast de Düsseldorf analiza al artista más influyente de la posguerra alemana y su mirada sobre la capacidad curativa del arte.
La medicina homeopática no hace daño. Impulsa la autocuración del cuerpo que cualquiera puede influenciar si es que así lo desea. "Es algo que tiene mucho en común con el concepto del arte que tenía Beuys", sostiene el médico, coleccionista y amigo intelectual de Joseph Beuys, Axel Heinrich Murken, con motivo de la muestra que Bonn dedica al artista alemán que murió con 65 años el 23 de enero de 1986. 
Beuys estaba convencido del efecto terapéutico individual y social del arte. Este efecto afecta a todas las áreas de la enseñanza y de la vida y es capaz de germinar en cada una de ellas. El artista intentaba generar impulsos para dar cuerpo a su concepto universal de la "plástica social" mediante acciones e instalaciones. Por otro lado, la ciudad de Beuys, la renana Düsseldorf, un activo centro de producción artística en Alemania, sobre todo entre los años sesenta y ochenta, donde éste vivió y trabajó en su taller y como profesor, explora un aspecto clave de su trabajo plástico y teórico. "Nuestra exposición acentúa el amplio concepto del arte de Beuys y pretende dar impulsos", dice Stefan von Wiese, comisario de Joseph Beuys en acción. Las fuerzas curativas del arte,una muestra que reúne 70 objetos y 100 fotografías. La exposición está dividida en dos partes: 'Beuys y la medicina' y 'Beuys en acción'. Las fotografías de Gianfranco Gorgoni, el cronista de Beuys Bernd Jansen, Ute Klophaus, Caroline Tisdall, Hildegard Weber y Lothar Wolleh complementan la primera parte de la exposición. En ella se pueden ver dibujos, cartas y libros fundamentales en las intervenciones de Beuys. El libro se publicó, tras la estrecha colaboración entre el médico Murken y el artista Beuys, en 1979 con motivo de su gran exposición en Nueva York. Por fuera tiene la forma de un maletín de médico, cubierto de fieltro marrón, y en el centro resalta una cruz roja sobre fondo blanco. Según Von Wiese, "el exterior del libro ya es una obra de arte típica de Beuys". En 1979 se vendieron pocos ejemplares de Beuys y la medicina,cuenta Murken. Hoy es fundamental para comprender a Beuys, igual que el catálogo oficial de aquella muestra. Según Von Wiese, "Beuys era realista, pero quería recuperar formas de expresión humanas, como la cura milagrosa, que se perdieron con el desarrollo de la civilización". Destaca la muestra del Kunst Palast 20 años después de la muerte del curandero Beuys entre los homenajes que se le hacen en Múnich, Berlín y otros lugares de Alemania.
La muestra no se limita a presentar la obra y a interpretarla a partir de su biografía, aunque hay aspectos de la vida de Beuys fundamentales para entender sus procesos artísticos. En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, el artista sobrevivió al derribo de su avión que cayó sobre Crimea. Unos campesinos ensebaron sus heridas y las cubrieron con fieltro para conservar el calor. El repertorio de materiales utilizado por Beuys está cargado de un contenido simbólico que estimula la conciencia. El fieltro es símbolo de calor, la grasa caliente es una metáfora de la energía primaria, la fría de su ausencia. La naturaleza y el arte son para él una sola cosa.
Murken cree en la influencia indirecta de este acontecimiento, pero advierte de que Beuys ya declaró que quería ser médico al terminar el colegio. El comisario de la muestra de Düsseldorf Von Wiese considera que esta historia se ha convertido en un mito. Beuys la utilizaba como tal, pero "siempre tuvo un gran interés en la química, biología y medicina" y, pese a su propia enfermedad, le gustaba ayudar a las personas que se encontraban mal.
Beuys proclamaba que "cada persona es un artista", y el hecho de que él mismo experimentara aquella curación durante la guerra, con la ayuda de personas que no eran médicos, le confirmaba su teoría de que cualquiera puede ser médico y todo eso junto liberaría al ser humano de sus heridas individuales y colectivas. Beuys no proponía otro mundo, según Von Wiese. Se limitaba a cuidar hasta el más mínimo detalle de sus obras y se dirigía directamente a la sociedad para activar su pensamiento.

JOSEPH BEUYS (1921- 1986)


Uno de los sucesos que marcó la trayectoria y visión de libertad del artista alemán Joseph Beuys ocurrió durante el invierno de 1943 mientras piloteaba un bombardero y ocurrió el accidente que marcaría su camino como artista: su avión se estrelló en Crimea, lugar donde los tártaros le salvaron la vida al envolverle el cuerpo con grasa y fieltro, materiales que aparecerán una y otra vez en su obra como es el caso de “Coyote, I like America and America likes me” (una de sus acciones más conocidas). La actuación del artista dura cuatro días, pero sólo son tres los que pasa en compañía de un coyote dentro de una galería de Nueva York a la cual decide trasladarse envuelto en fieltro sin mirar al exterior como una expresión de su repudio a la política belicista de la Casa Blanca. 


Convivir con el coyote le ofrece al artista el poder de atravesar, mediante una acción simbólica, el “vacío” de una cultura. La confrontación entre Beuys y el coyote simbolizan la reconciliación entre cultura y naturaleza. Los aullidos del coyote representan un encuentro de culturas: el trauma del conflicto americano con el indio. 


Durante días, Beuys, el chamán activista, ronda sobre la culpabilidad injustificada del indio surgida de la matanza de éste. El indio debía ser exterminado no para arrebatarle sus tierras, sino por tener una experiencia más amplia de la libertad. El indio vivía tan libre como el coyote o el búfalo, por lo que oprimir al nativo significó “despedazar” a la bandera de libertad que la sociedad norteamericana decía representar. 
  
La libertad es para Beuys uno de los motores esenciales en el ser humano; creía que la persona debía perseguir su propia visión e inspiración y sabía también, que la experiencia estética se debía liberar para interactuar y circular directamente con la realidad que da impulso a la reflexión. 

En sus acciones, Beuys logró conjugar rituales, prácticas religiosas, curativas, sociales, científicas y políticas en su intento de ayudar a crear una sociedad más humana. Para él, cada hombre es un artista con facultades creativas que deben ser perfeccionadas y reconocidas.


La ideología de Joseph Beuys invita a liberarnos con responsabilidad comenzando por conocer nuestro interior y nuestra naturaleza, haciendo una reconciliación con nuestros orígenes. Los seres humanos debemos armonizar: ser, cuerpo, espíritu y alma para cultivar un ambiente que fomente la creatividad y la innovación, pues esto se convierte en un estímulo vital para el crecimiento. Somos acreedores de una gran fuerza creativa, voluntad expresiva y sensibilidad artística. Es momento de reconocernos, reconciliarnos, liberarnos y sobre todo, de ejercitar nuestra imaginación para dar vuelo a nuestro ser creativo.

                  Lo importante del arte es liberar a las personas, por lo tanto el arte es para mí la ciencia de la libertad.
Joseph Beuys


martes, 18 de marzo de 2014

PICASSO


Picasso en el Marais

El hôtel particulier que alberga en París la obra del genial malagueño reabrirá en junio tras cinco años de reformas
por Nathalie Kantt
Los obreros sueltan las herramientas. El arquitecto encargado de la renovación del Hotel Salé, casa del Museo Picasso desde 1985, se dirige al grupo que visita el establecimiento en obra y dice: "Tenemos diez minutos de silencio". En un espacio amplio y luminoso, invadido por andamios, aprovecha para contar algunas de las grandes reformas que se hicieron en este hôtel particulier del siglo XVII, mezcla de clasicismo francés y estilo barroco de la época. Las paredes están vacías.Las obras de Picasso serán instaladas en mayo, pero el edificio es una obra de arte en sí mismo. Cerrado en 2009, el museo que alberga la colección más importante del artista a nivel mundial reabrirá al público en junio.
Quien haya visitado París en estos cinco años posiblemente recuerde la desilusión al llegar hasta las enormes puertas del museo, en una de las callecitas del Marais, y tener que contentarse con una vista externa del establecimiento. "Necesitábamos renovar el edificio para cumplir con las normas actuales de seguridad, de incendio y de climatización, y también queríamos actualizar el proyecto museográfico", explica la presidenta del museo, Anne Baldassari.
Tiraron abajo paredes, abrieron puertas, cambiaron vidrios, sumaron cuatro lámparas colgantes de Diego Giacometti a las cuatro existentes, mudaron las oficinas al exterior del edificio y las obras a un depósito fuera de París, y nivelaron las salas. El resultado es una superficie de exposición de 3800 m2 (antes era de 1600 m2), 13 salas adicionales (37 en total), un último piso más íntimo -antes cerrado al público- en el que se exhibirá parte de la colección privada del artista español (compuesta de una centena de obras de artistas como Courbet, Cézanne, Vuillard, Degas, Miró y Dalí, entre otros), un nuevo atelier destinado a la educación artística de los más chicos y un auditorio que antes no existía. El presupuesto total fue de 44 millones de euros. "Después de 30 años, otra reforma era necesaria", estima el arquitecto especializado en los monumentos históricos franceses Stéphane Thouin, encargado de supervisar la obra.
La renovación no escapó a las críticas, sobre todo porque los trabajos se prolongaron más tiempo del previsto. Mientras el museo estuvo cerrado, parte de las 5000 obras donadas al Estado francés por los herederos del artista en los años 70 (4000 obras gráficas, 300 pinturas y 300 esculturas, 46 pinturas de la colección privada de Picasso y 200.000 piezas de archivo, entre otras) fueron prestadas para 20 exposiciones itinerantes en trece países. Con los 31 millones de euros recaudados se adquirió un nuevo hôtel particulier, para relocalizar a medio centenar de empleados y ampliar los trabajos inicialmente limitados presupuestariamente en una Francia en crisis.
"El público va a descubrir las obras de otra manera. La idea es salir del découpage artificial y entrar en su dinámica interna. Habrá salas temáticas ("Retratos viriles", "Picasso y la música", "Picasso y el cine", "Picasso y la escultura") y grandes pasajes cronológicos con los períodos rosa, azul, verde y polícromo", detalla Baldassari, quien confiesa que desde hace años planean una muestra en la Argentina y en Chile, aunque hasta ahora no han conseguido el apoyo necesario.
Serán expuestas 350 obras que irán rotando cada tres meses. Está prevista la realización de muestras temporarias, en las que la obra de Picasso dialogará con la de otros artistas. Tiene fecha Miquel Barceló: enero de 2015..

lunes, 24 de febrero de 2014

CARLOS PAEZ VILARÓ




El artista Carlos Páez Vilaró, conocido por el complejo arquitectónico Casapueblo y por una obra polifacética que plasmó en coloridos murales la fusión de la cultura africana con la uruguaya, falleció hoy a los 90 años en la famosa construcción ubicada en Punta Ballena, Uruguay. Según indicó una de sus hijas al canal de televisión uruguayo Teledoce, el artista "se levantó a la mañana, había descansado muy bien y estaba conversando con su médico para decirle que tenía un dolor cuando falleció". Páez Vilaró dedicó su obra pictórica a la cultura de raíz africana que rodea el Carnaval uruguayo, pero además recorrió Africa pintando murales en coincidencia con el histórico proceso de independencia de aquel continente, durante la segunda mitad del Siglo XX. Con una marcada impronta cubista, la producción del artista, nacido en Montevideo el 1°de noviembre de 1923, se desplegó en todo tipo de materiales (muros, cartones, metales, papel) y tuvo como eje el retrato de sus viajes por el mundo. Además de su afán por la experimentación, se dedicó también a la conquista de distintos soportes: así, incursionó en la pintura, la escultura, la cerámica, la música y la escritura. En los `60, Páez Vilaró inició la construcción de Casapueblo, el gigantesco monumento arquitectónico emplazado en el espectacular paisaje marítimo de Punta Ballena -a unos kilómetros de Punta del Este- que funciona como hotel, museo y taller."Cuando inventé Casapueblo, era extraordinario: estaba solo. Una soledad maravillosa. Sólo tenía diálogo con algunos pescadores que se aventuraban a vivir en las rocas. Hoy en día no conozco ni a los vecinos. Impresionante lo que ha crecido. Antes, me dolía cuando alguien construía. Pensaba: `¿Cómo lo hacen sin pedirme permiso?´. Me sentía dueño como de 40 hectáreas. Ya no. Pero fui el culpable", aseguró alguna vez. La vida y la obra del artista están indisolublamente vinculadas a Buenos Aires desde que llegó en su juventud para desempeñarse como aprendiz de cajista de imprenta en Barracas y Avellaneda.Tan estrecho era su vínculo con la Argentina que solía autodefinirse como el "pintor del medio del río". Su relación con el país tuvo un punto de inflexión en octubre de 1972 cuando su hijo mayor, también llamado Carlos, sufrió un accidente junto a otros jóvenes que volaban hacia Chile para disputar un partido de rugby y el avión que los transportaba cayó en la Cordillera de los Andes. Durante los 72 días que duró la búsqueda de los sobrevivientes el artista tuvo una participación activa en el operativo de rescate: organizó expediciones, reclutó voluntarios, consultó videntes y se internó en la Cordillera hasta que se localizaron los restos del avión y los 16 sobrevivientes, entre los que estaba su hijo. Tras la experiencia, Páez Vilaró escribió una serie de notas a modo de bitácora que fueron editadas bajo el nombre de "Entre mi hijo y yo, la luna".A lo largo de su vida, Páez Vilaró conoció a importantes maestros como Pablo Picasso, Salvador Dalí, Giorgio de Chirico, Jean Cocteau, Jean Cassou, Alexander Calder y Andy Warhol, entre otros. El artista había participado hace unos días de las "Llamadas", como se conoce el desfile de comparsas de origen africano en el Carnaval uruguayo


viernes, 21 de febrero de 2014

ARTE. récords que tienen historia


por Alicia de Arteaga
Como todo los años, la temporada del mercado de arte internacional arrancó en Londres y anotó récords históricos en el turno de los modernos e impresionistas, que siguen siendo la crema de la buena pintura aunque los contemporáneos marketineros, onda Jeff Koons, hayan derribado las barreras de los prejuicios y los precios.
Todo parece indicar que el arte es hoy objeto de deseo de los nuevos millonarios rusos, chinos y árabes. Curioso destino para algunas de estas pinturas que pertenecieron a familias judías expoliadas por los nazis, bajo las órdenes de Hermann Göring, quien además de cuadros atesoraba muebles y piedras preciosas. Más de cinco millones de objetos de arte fueron secuestrados durante el régimen liderado por Hitler. Muchos de ellos reaparecieron en el mercado; otros, en museos y colecciones privadas, pero la gran mayoría sigue en el misterio de un triángulo de las Bermudas. El tesoro de los nazis ha sido el objetivo del equipo de Monument Museum of Fine Arts que inspiró el último film de George Clooney estrenado en la Berlinale (ver recuadro).
En una semana, entre Sotheby's y Christie's cosecharon más de 500 millones de dólares. Es un landmark para las rematadoras fundadas en la Inglaterra del siglo XVIII para vender libros, "cosas viejas" y el legado de sucesiones eternas. Pero los gigantes del mercado llegaron bastante más allá de lo imaginado en aquel modesto comienzo.
En el último cuarto de siglo, el alza de los precios de las obras de arte ha sido sideral. Sólo para tener una idea, la subasta de la colección Havemeyer, comentada con bombos y platillos a comienzos de los años ochenta, totalizó 35 millones de dólares. Casi la mitad de lo que le costó a su nuevo dueño la naturaleza muerta de Juan Gris en la subasta de Christie's.
La firma capitaneada por François Pinault (Au Printemps, Chateau Lafitte, Museo Punta della Dogana) ha tomado la delantera de los negocios con una subasta récord, a pesar de haber retirado a último momento el conjunto de obras de Miró, estimadas en 49 millones de dólares, procedentes del gobierno de Portugal.
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El as en la manga de Sotheby's era el paisaje parisino que eterniza con una paleta exquisita la vista del boulevard Montmartre desde el Grand Hotel de la Russie en plena Belle Époque. Fue pintado en 1987 por Camille Pissarro.
Boulevard de Montmartre matinée de printemps integró la colección de Max Silberberg, un industrial azucarero con base en Breslau, dueño de una pinacoteca digna de un museo con pinturas de Monet, Manet, Sisley, Courbet y Van Gogh. Lo mejor de cada firma entre los siglos XIX y XX, un conjunto que tuvo un triste final.
Silberberg fue forzado por las autoridades nazis, según relataron los expertos de Sotheby's, "a entregar su colección para una serie de subastas organizadas con fines confiscatorios". El cuadro sería comprado años más tarde por John y Frances Loeb, benefactores de organizaciones culturales judías. Los Loeb donaron la obra al Museo de Israel, que en el año 2000 decidió devolver el cuadro al heredero Max Silberberg, quien dejó precisas instrucciones para que después de su muerte el óleo saliera a subasta pública.
Así las cosas, la pintura se puso a la venta con un estimado de diez millones de dólares y triplicó la suma frente al asombro de la audiencia. Tamaño, procedencia, tema y fecha conformaban el cóctel perfecto para marcar un récord. Habría que agregar que la vista parisina tiene un parecido cercano con el lindísimo y festivo Monet La rue de Mosnier aux paveurs, récord de 11 millones de dólares en 1986. La noticia fue portada de los diarios y la fecha quedó en los anales del mercado. Era la primera vez que un cuadro pasaba la barrera de los diez millones. Monet resultó el mejor aperitivo para el gran salto: marzo de 1987, cuando Christie's bajó el martillo por 39 millones de dólares para Los girasoles, de Van Gogh. Y el público quedó mudo.
Las subastas del invierno boreal colocaron a Christie's a la cabeza de las ventas. La naturaleza muerta de Juan Gris superó todas las expectativas al cambiar de manos por 56,6 millones de dólares.
De los cuadros recuperados del expolio nazi el más recordado será siempre el dorado retrato de Adele Bloch-Bauer que Gustav Klimt pintó en 1907. Fue comprado en 2006 por 135 millones dólares por Ronald Lauder, heredero del imperio de la cosmética fundado por su madre, la legendaria Estée Lauder.
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    U$S 27.500.000
    El hombre está en el mar (Van Gogh)
    Pintada por el artista holandés en 1889 en el asilo de Saint-Rémy, duplicó las estimaciones de Sotheby's. Es la reinterpretación de una pintura de la francesa Virginie Demont-Breton; pertenece a una serie de citas de Van Gogh de obras de artistas que él admiraba.
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    U$S 16.600.000
    Composición con Minotauro (Picasso)
    El artista español obtuvo un doble récord en Sotheby's, al mejorar sus anteriores ventas de una obra sobre papel y un grabado (La mujer que llora I se adjudicó por 5,2 millones de dólares). Las piezas pertenecían a la colección privada del galerista Jan Krugier.
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    U$S 31.360.000
    Boulevard Montmartre (Pissarro)
    Fue el lote estrella del remate en Sotheby's: estableció un récord para el artista danés -en 2007 se habían pagado 13 millones de dólares en Nueva York por la obra El invierno- y duplicó el precio que había estimado alcanzar la casa de subastas (16 millones de dólares).
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    U$S 56.800.000
    Naturaleza muerta (Juan Gris)
    Vendida en Christie's después de haber integrado algunas de las exposiciones más importantes dedicadas al cubismo en el mundo, también marcó un récord para el pintor español. Superó la barrera de los 25,5 millones de dólares alcanzada en 2010 en Nueva York con Violín y guitarra.
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    U$S 135.000.000
    Retrato de Adele Bloch-Bauer I (Klimt)
    Es el más recordado de los cuadros recuperados del expolio nazi. Realizado en 1907, fue comprado en 2006 por Ronald Lauder -heredero del imperio de la cosmética fundado por su madre, Estée Lauder- por un precio récord de 135 millones de dólares.
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    En Operación Monumento, George Clooney sigue el rastro de los tesoros nazis 
    El correlato de historia de millones, récords y obras maestras es el último film de George Clooney en el que narra la aventura del equipo de investigadores e historiadores del Monuments Museum of Fine Arts (MFFA), responsables de la búsqueda y recuperación de parte de los 5 millones de objetos confiscados y robados por los nazis a las familias judías. Entre ellos, el par de paneles de Jean-Baptiste Pater de la colección Rothschild.

lunes, 27 de enero de 2014

Arte: Plazas cívicas

 
Por Fabio Grementieri
De las tres "plazas cívicas" de Buenos Aires, la de Mayo, la plaza Lavalle y la del Congreso, esta última ha sido la más rezagada en materia de preservación y puesta en valor. Por suerte esto viene cambiando últimamente con la restauración de distintos edificios y monumentos. Tal el caso del Teatro Liceo, de la Biblioteca del Congreso (instalada en el reciclado edificio de la ex Caja Nacional de Ahorro Postal) y del Cine Gaumont (salas del Incaa) donde las intervenciones han rescatado y puesto en valor piezas del patrimonio porteño de diversas épocas. En contraste con esto, causa estupor e indignación que no se encuentre alternativa para salvar a la Confitería del Molino, aunque estimula la esperanza de salvación de este monumento nacional de art nouveau la prosecución de los impulsos preservacionistas en el área. Es muy alentador el plan de obras de restauración y "saneamiento" del Palacio del Congreso Nacional y particularmente los trabajos terminados, pero aún no inaugurados, en la antigua sede del Instituto Biológico Argentino que fue completamente reciclado y restaurado por el Gobierno Nacional para albergar la sede de la Auditoría General de la Nación. El denominado "Palacio Biol" es una valiosa pieza del patrimonio de la ciudad y del país por el sitio en que está emplazada, por su historia y significado cultural, por su arquitectura y decoración. Conforma con otros edificios monumentales del área (el Parlamento Nacional, la Confitería del Molino, La Inmobiliaria, el Pasaje Barolo y el ex Hotel Majestic) un conjunto único que refleja la evolución de la cultura arquitectónica italiana en la Argentina por tres décadas.
El Palacio Biol fue inaugurado en 1927 como sede porteña del Instituto Biológico Argentino, precursora institución creada por el italiano Silvio Dessy que tenía su planta productiva en Florencio Varela y exportaba productos a diversos países. Fue diseñado por el arquitecto italiano Atilio Locati que, entre otras obras, realizó diversos pabellones provinciales en la Exposición del Centenario en Palermo y el Teatro Juan de Vera en la ciudad de Corrientes. En la construcción, hecha por la prestigiosa firma Geope, no se escatimaron recursos. Un edificio institucional como éste necesitaba de una imagen "corporativa" que entonces se confiaba no sólo al arquitecto diseñador sino también a artistas que pudieran resaltar las cualidades de la empresa y que embellecieran fachadas e interiores. En esa tarea acompañaron al arquitecto Locati los pintores Nazareno Orlandi y Salvino Tofanari, dos nombres importantes dentro de la tradición academicista peninsular. Aquí se puso en práctica por última vez en la Argentina la gran tradición italiana del arte de construir, que incluyó preciosos trabajos de notables artesanos vitralistas, estucadores, carpinteros, herreros y marmoleros que engalanaron todo el edificio.
Como buen exponente de la cultura arquitectónica de Buenos Aires de la época, también en su faz técnica el edificio del Instituto Biológico Argentino era un crisol de influencias con sus ascensores provistos por la firma estadounidense Otis, la instalación eléctrica a cargo de la empresa alemana Siemens o las bombas de aguas y desagües instaladas por la compañía sueca API. Se buscaba combinar tradición y modernidad en una actitud característica del historicismo y el eclecticismo arquitectónicos. Es así como surgió un "palacio vertical" que busca recrear la "atmósfera" veneciana tanto en interiores como en exteriores. Dentro del edificio, en los pisos inferiores, la interrelación entre los espacios, superficies y volúmenes primorosamente decorados fue resuelta de manera sutil y refinada apelando a armonías, pero también a contrastes, entre colores, texturas, brillos y grafismos. La composición de las secuencias espaciales de la planta baja y el primer piso del edificio es un verdadero "crescendo" signado por grandes portones de hierro ornamental, techos pintados con alegorías, gran escalera central de mármol, vitrales en ventanas y claraboyas e imponentes revestimientos y pisos de mármol polícromo o madera tallada.
En los exteriores "lo veneciano" aparece como un sofisticado ejercicio de recreación urbana -en plena Buenos Aires- del centro neurálgico de la ciudad de los canales. Los edificios monumentales construidos alrededor de la Plaza del Congreso son recalificados en su interacción con la fachada del Instituto Biológico Argentino -directamente inspirada en laTorre dei Mori o Torre dell' Orologio, con su esfera y sus autómatas- para emular uno de los grandes "santuarios" del arte y la historia de Italia: la Plaza San Marcos de Venecia. Así, la mole del Palacio del Congreso Nacional parafrasea a la Basílica de San Marcos, y la Confitería del Molino y su torre, al Campanile de esa célebre ciudad italiana. El cuadro urbano se completa con las esculturas que ornan cada uno de los edificios: personajes alegóricos, caballos, cuadrigas y un sinfín de elementos ornamentales que, como en el caso italiano, ostentan diversas texturas y policromías. Esta singular composición es como el "grand finale " de la ópera de la influencia italiana en la arquitectura de Buenos Aires que hacía más de una década se venía representando con las triunfales arias de la Galería Güemes, la Confitería del Molino y el Pasaje Barolo, los coros sinfónicos de las casas de renta de Virginio Colombo y la actuación de divos y maestros como Francesco Gianotti o Mario Palanti.
El ciclo del edificio como sede del Instituto Biológico Argentino se cerró en 1948, cuando fue expropiado por el gobierno para instalar el Instituto Nacional de Previsión Social y donde aparentemente instaló uno de sus despachos Eva Perón. En la década de 1990 pasó a manos de la Anses y posteriormente a la DGI, al mismo tiempo que sufrió remodelaciones y falta de mantenimiento que lo degradaron y afectaron su integridad. En el año 2003 la Auditoría General de la Nación lo selecciona para transformarlo en su nueva sede y realiza un ejemplar proyecto integral de renovación, restauración y puesta en valor que ejecuta conjuntamente con la Dirección General de Arquitectura del Ministerio de Planificación. Con las obras culminadas, resta la decisión oficial de mudar el organismo al sitio y así reabrir las puertas del Palacio Biol no sólo a la administración pública sino también a todo los visitantes nacionales y extranjeros de este gran conjunto patrimonial de la Argentina.
Es en la Argentina donde mayores frutos dio la cultura arquitectónica italiana de ultramar. Consecuencia directa de la inmigración, esta influencia se vio potenciada por la presencia de innumerables arquitectos, ingenieros, constructores, albañiles, así como también artistas y artesanos extremadamente diestros en el "arte de construir". La manera italiana de hacer arquitectura tuvo gran recepción y plagó de obras el territorio nacional, muchas de ellas de gran calidad y varias de gran singularidad.
Este aporte se transformó en un patrimonio monumental que la propia Italia finalmente descubrió hace un par de décadas. Desde entonces ha colaborado con la Argentina en acciones concretas de preservación como fueron las misiones técnicas del Istituto Centrale per il Restauro de Roma, que trabajaron con especialistas argentinos en el anteproyecto de conservación del Teatro Colón a fines de la década de 1990, o en los diagnósticos y pruebas piloto para la restauración de la fachada y las pinturas de los salones del Palacio Biol años atrás.
Hoy más que nunca es necesario que tanto desde el Gobierno italiano como desde la colectividades italianas en la Argentina se renueve este impulso preservacionista con acciones concretas y específicas como el rescate, la reubicación y la puesta en valor del Monumento de los Italianos para el Centenario -la mediáticamente denominada "Estatua de Colón"- o la revalorización y recuperación de los estupendos edificios de las sociedades italianas en todo el país, monumentos únicos en su tipo que no tienen equivalente en otros países, ni siquiera en la propia Italia.
Se ha dicho muchas veces, aunque no está de más insistir en este punto, que el patrimonio arquitectónico es un recurso no renovable, un insustituible y prodigioso imán para el turismo receptivo. Prueba de ello es que las encuestas realizadas por áreas de Turismo del Gobierno de la Ciudad ubican el singular collage de influencias que es la arquitectura de Buenos Aires a la cabeza de los intereses de quienes nos visitan.
(El autor es arquitecto, especializado en patrimonio. Fue distinguido por la Universidad de Notre Dame por su acción pública y es autor de numerosos libros sobre estilos patrimoniales tradicionales)